martes, 15 de mayo de 2018


En Italia existen tantas salsas como tipo de pastas, me arriesgo a decir que una para cada tipo en especial. La receta que les quiero compartir hoy son unos paccheri con una simple salsa de tomate y albahaca, pero con el agregado especial de la burrata – un queso tradicional italiano – que hace de ésta una combinación explosiva. Ya se van a dar cuenta por qué. No se preocupen que les voy a dar opciones por si no llegan a conseguir los “paccheri” y la burrata.  








Los “paccheri” son uno de los tantísimos tipos de pasta seca Italiana (de sémola de grano duro) que podemos encontrar en este paìs, y son tradicionales de la cocina Napolitana. En criollo podemos decir que los “paccheri” son como unos tubos gigantes (por la forma que tienen) y  por ésta razón bastan entre 7 y 9 para quedar satisfechos.







¿Siamo pronti per cucinare? (¿Estamos listos para cocinar?)

1.       Para la salsa salteamos en una sarten a fuego medio 1 cebolla cortada bien chiquita y 1 ajo entero machacado con aceite de oliva . Cuando está transparente (alrededor de 10 minutos) incorporamos media taza de vino blanco y dejamos que evapore el alcohol unos 3 minutos (de esta manera tenemos el gusto del vino pero sin su graduación alcohólica).  Agregamos 350 gr de puré de tomate - en Italia viene en botella, pero sé que en la Argentina viene en envase tetrabrick -, unas hojas de albahaca fresca, una pizca de sal y otra de azúcar (¿Azúcar? Si, solo un poquito para bajar la acidez del tomate). Bajamos el fuego y la dejamos cocinar por lo menos unos 20 minutos. Antes de terminar rectificamos la sal y el azúcar y la salsa estaría lista. 
Como ven es una salsa muy simple, pero el secreto está en que se cocine a fuego lento para que la albahaca desprenda todo su sabor.
2.       Ponemos en una olla agua y sal y dejamos que hierva. En este punto incorporamos los paccheri (entre 7 y 9 por persona) y cocinamos durante 12 minutos o hasta que estén cocidos. ¿Por qué  digo esto? Porque así como existen tantas salsas como tipo de pastas, cada una tiene su tiempo de cocción que generalmente - por no decir siempre-no les gusta a los que no son italianos porque los sienten duros, crudos. Cuando están cocidos los colamos y los salteamos junto con la salsa que teníamos previamente preparada.
3.       Servimos los paccheri con una burrata en cada plato y unas hojas de albahaca fresca. Podemos agregar un hilo de aceite de oliva en crudo para terminar.




¿Pero qué tiene de explosivo esta receta? La burrata es un queso fresco italiano. Se dice que es la “hermana mayor” de la mozzarella, con "O", por ser similares a la vista. Las dos son quesos del tipo “hilado” - por su método de elaboración - pero la burrata está rellena con crema de leche lo que la hace mucho más cremosa y suave, mientras que la mozzarella no. Y ahora se viene la bomba: cuando cortamos la burrata sobre los paccheri sale todo el relleno (la crema) y, en combinación con la salsa de tomate caliente, nace esta mezcla explosiva con la que pueden enamorar cualquier corazón.

Si no encuentran los paccheri en el supermercado los pueden reemplazar con la pasta seca más grande que encuentren. Y la burrata lamentablemente es muy difícil que en la Argentina la encuentren,pero no se desanimen porque esta receta la pueden hacer igual. Compren mozzarella di bufala, que es más fácil de conseguir. NO compren la muzzarella que venden para hacer la pizza, esa no es la original. Es un tipo de queso argentino que remite a la mozzarella italiana con "O", pero en este caso no nos sirve para la receta. Con la mozzarella di bufala no vamos a conseguir el efecto explosivo ya que no viene rellena, pero el sabor es muy similar. Les recomiendo en vez de incorporarla entera, cortarla en trozos pequeños así se funde con el mismo calor de la salsa.

Cocinen rico.

La Gata Flora.   

jueves, 10 de mayo de 2018


Mi primer libro de recetas fue “Las recetas de Maru” – Dulces y Saladas. Me lo regalo mi tia/madrina Cecilia para la Navidad del 99. En esa época Maru estaba en Utilisima y cocinaba en rollers, toda una avanzada!!! Me identificaba con ella porque era loca, tenia los rulos al viento, los ojos celestes, cocinaba a los gritos. Como lo sigue haciendo ahora, como soy yo.

La receta que más hice de ese libro son unas galletas de limón y naranja. Lo que más me gustaba era que cuando las metía en el horno la cocina no tardaba en inundarse de un fresco aroma cítrico que invitaba a todo aquel que quisiera a comerlas. Incluso despertaba a los que estaban durmiendo la siesta. Mi papá, uno de ellos. No quiero decir que mi papá coma las cosas quemadas, pero si las puede sacar en esa milésima de segundo antes de que suceda lo hace. Él siempre me pide que lo que va a comer lo deje un poquito más en el horno. “Para mí mas tostaditas Angie”, son sus palabras exactas. Lo mismo con los scones. Si bien yo le digo que si dejo los scones tiempo de más en el horno se secan y no quedan bien a él no le importa, le gustan así.

Tengo un defecto, en realidad varios; pero el relacionado a la cocina es que cuando me pongo a cocinar no me gusta que nadie me moleste, ni me hable, ni me mire. Por eso siempre cocino a la siesta, cuando todos duermen. Porque además de malhumorada e hinchapelotas, tampoco me gusta dormir la siesta. Es algo que tengo que cambiar, lo sé. Pero me es tan difícil como a ustedes, los que les gusta dormir la siesta, dormir sólo 20 minutos como para retomar fuerzas.

Si me preguntan qué es lo que más extraño de “mi casa” de Argentina es mi colección de libros de cocina. Tengo tantos y de tan variados temas que ya ni me acuerdo cuantos son. Hace dos días se fueron mi mamá, mi papá y mi abuela. Razón por la cual he estado media perdida por estos lados. Vinieron a visitarme, a festejar mi cumpleaños número 30 conmigo. Si, cumplí 30. Se hicieron más de doce mil km para estar unos días juntos. Hacía un año que no los veía. ¿Saben qué les pedí que me traigan? Libros. Obvio que no me trajeron todos, sólo 3. No saben lo difícil que fue elegirlos. Ahí me dí cuenta de la importancia de los libros en mi vida. Y no es que me pase todo el día leyendo, al contrario, los puedo tener ahí y no haber leído entero alguno de ellos. Pero la sensación de tenerlos cerca, de poder ojearlos cuando tengo ganas y de poder hacer alguna receta cuando estoy inspirada me llena de felicidad. La misma que sentí ese día que los vi a ellos tres aparecer detrás de la puerta de arribos del aeropuerto. Les confieso que hasta lloré.

Gracias a los que me han dicho que extrañan leerme, eso también me llena de felicidad.

La Gata Flora.

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