viernes, 30 de noviembre de 2018


Las galletas danesas o más conocidas como “galletas de la lata azul” son tradicionales en muchos países y se consumen más que todo en la época de Navidad. Mi abuela siempre tenía una lata y la sacaba en ocasiones especiales. El problema llegaba cuando yo la encontraba, la abría y no encontraba galletas sino hilos y agujas. Ya de grande aprendí a hacerlas.

Galletas danesas o más conocidas como "galletas de la lata azul" de Martha Stewart.
Si hay un recuerdo de la infancia que siempre me viene a la mente en la época navideña es ese cuando mi abuela sacaba la famosa “lata azul” y de adentro salía un perfume entre manteca y vainilla y se podían ver unas galletas tan perfectas que no daban ganas de comerlas sino de sacarles una foto. Afortunadamente en esa época no existían las cámaras digitales ni los celulares con cámara entonces la única opción que quedaba era comerlas y sentirme por un ratito en el cielo. Sólo un ratito porque después de tres galletas ya podías ver a mi abuela cerrando la lata y escondiéndola hasta la próxima “ocasión especial”.

Otro recuerdo que tengo muy presente es una tarde que hice la “búsqueda del tesoro” y encontré la lata. Para mi sorpresa no había más galletas; en cambio había hilos de todos los colores, agujas, alfileres y botones: un verdadero costurero. ¿Cómo puede una persona engañar a un niño de esa manera?
Apenas llegué a Italia me compré una lata de estas galletas y obviamente cuando se terminaron la lata se volvió un costurero, pero hace unos días encontré la receta, la hice y hoy se las quiero compartir.

Galletas danesas o “galletas de la lata azul”:
Ingredientes:
200 gr de manteca salada.
100 gr de azúcar.
1 huevo
Esencia de vainilla.
250 – 350 gr harina común.
Opcional: ralladura de limón, almendras tostadas y molidas bien finitas 50 gr.

Paso a Paso:
  1.  Prender el horno y precalentarlo a 200º. Sacar la manteca de la heladera para que tome temperatura ambiente.
  2. En un bowl mezclar, con batidora o a mano, la manteca blanda y el azúcar hasta formar una crema. Incorporar el huevo y volver a batir hasta que se integre bien.
  3. Agregar la esencia de vainilla y si quieren darle un toque especial ralladura de limón y almendras tostadas y molidas a polvo. Seguir batiendo y, por último, agregar la harina. Acá hay dos opciones: si las quieren hacer como las típicas galletas danesas las van a tener que hacer con manga y para esto la masa no debe estar muy dura por lo que con 250 gr de harina sería suficiente. En cambio, si las quieren estirar y cortar con cortante van a tener que agregar un poco más y puede llegar a los 350 gr.
  4. En una fuente de horno con papel manteca o enmantecada y enharinada poner las galletas separadas unas de otras porque crecen un poco durante la cocción. Un #anyutip es colocar la fuente en la heladera por 30 minutos antes de cocinarlas así la manteca de la masa se enfría y las galletas no se deforman. Otro secreto es que el horno esté bien caliente así sufren un tipo de “shock térmico” y nos quedan tal cual las originales. Antes de meterlas al horno las pueden espolvorear con azúcar granulada, si consiguen la que es un poco más gruesa mejor. ANTES NO porque con la humedad de la masa y de la heladera el azúcar se empezaría a disolver y no va a quedar el efecto que queremos.
  5. Cocinar hasta que toman un color dorado en los bordes, pero en el centro están todavía blancas (alrededor de 15 minutos). Dejar enfriar bien antes de desmoldarlas.
  6. Si tienen la famosa “lata azul” pueden guardarlas ahí, separadas en montoncitos según la forma, dentro de pirotines blancos. Sino las guardan en un frasco y lo esconden para que duren por lo menos dos días.
Imagen relacionada

Si no quieren cocinar en Amazon las pueden comprar, pero sinceramente son muy fáciles y ¡qué mejor que hacerlas y regalarlas para esta Navidad!

Cocinen rico y disfruten el momento.
La receta es una adaptación de la receta original de Martha Stewart.

jueves, 29 de noviembre de 2018

Allá por el 2014 cuando se me ocurrió hacer este blog me inspiré en una película: Julia & Julie. De hecho, en dos porque “Comer, rezar y amar” fue mi inspiración para bautizarlo. Hace unos días volví a verla y se las voy a contar pero sin spoilers, como me gusta a mí.

Por alguna razón que desconozco nunca les conté sobre esta película cuando lo debía hacer, por eso hoy estoy acá para cumplir con mi promesa.

“Comer, rezar, amar” es un libro del 2007 que tuvo tanto éxito que en el 2010 salió la película con el mismo nombre con Julia Roberts como protagonista. Tanto el libro como la película son altamente inspiradores y si están “medio-medio” (así como yo) es una muy buena opción para ver el fin de semana con una olla de pororó con caramelo de por medio.
Es muy probable que ya la hayan visto porque es una historia que tiene más de diez años. Para los que no la vieron quiero contarles por qué tienen que verla:
  • “Comer, rezar, amar” cuenta la historia de una mujer (en la vida real puede ser un hombre porqué no) que está insatisfecha con su vida y decide tomarse un año sabático para “salir de su zona de confort”.
Debo confesar que “salir de la zona de confort” es una frase que me cansé de leerla por todos lados y hasta me causa un poco de repulsión cuando la veo. Si, ya sé…muy exagerado lo mío. Yo prefiero llamarlo romper la cadena rutinaria, “salir del tupper en el que estás metido” o mejor aún PENSAR FUERA DE LA CAJA.
  •          “Comer, rezar, amar” es un sueño para algunos y una forma de vida para otros.
  •          “Comer, rezar, amar” resume tres de las cuatro cosas que más me llenan el alma y que me salvaron durante este año. La creatividad me salvó también, por eso es la que falta.
  •      “Comer, rezar, amar” es una bitácora de viaje, un diario de vida, una reflexión sobre el amor y las formas que puede tomar.
  •      “Comer, rezar, amar” es todo lo que me gustaría haber escrito a mí. ¿Quién dice que no lo estoy escribiendo?

Si les gustan las charlas TED les dejo la de Elizabeth Gilbert, su autora. Ojo con estas charlas porque son como las papas fritas Pringles: una vez que empezás un tubo no podés parar hasta que se termina.
 

Una de las frases que más me quedó de la película es: "La única manera de sanar, es confiar". 

Disfruten el momento.

viernes, 23 de noviembre de 2018



Seguramente muchos de nosotros escuchamos hablar del “Triángulo de las Bermudas”, esa porción con forma triangular que está en alta mar y que en cada vértice tiene a las Islas Bermudas, Puerto Rico y Miami respectivamente. Dicen que ahí se pierden barcos, aviones y personas. Loco, ¿no? Pero hoy quiero les quiero contar acerca de uno mucho más lindo que está en Italia y es el formado por Pisa, Lucca y Siena: el "Triángulo de las Bermudas Toscano".


Estamos todos de acuerdo que para conocer la Toscana lo mejor es alquilar un auto y hacer lo que los viajeros llaman “un roadtrip”. El “Triángulo de las Bermudas Toscano” es perfecto para eso y además se puede visitar en un fin de semana o si les gustó mucho la zona lo pueden estirar un poquito más.

Como muchos saben vivo en Pisa desde principios de año y en todo este 2018 he tenido la gracia de conocer muchos pueblos y ciudades que la Toscana tiene para ofrecernos. Uno es más lindo que el otro, así que no me pregunten con cual me quedo. ¡Mejor ustedes díganme a mí con cual se quedan! ¿Quién me acompaña?

Partiendo desde Pisa acá hay muchas cosas para ver además de la famosa “Torre” y les doy mis imprescindibles:
·         Soy fan del “Street art” o Arte callejero y acá hay mucho. El mural “Tuttomondo” de Keith Haring no se lo pueden perder. Son 180 metros cuadrados de figuras de todos los colores que representan la paz en el mundo. Haring es un conocido artista pop que se caracteriza por pintar con colores brillantes y violentos pero cuando pintó este mural decidió bajar los tonos para que concordaran con los de la ciudad.
·         Visitar el mercado que se arma bajo la logia del “Palazzo Gambacorti” sede del Comune di Pisa. Acá hay de todo depende del día: libros, vinilos, antigüedades de todo tipo y hasta a veces puestos de gastronomía. A mí me encanta y siempre voy a dar una vuelta a ver si encuentro algo.
·         Ir al Palazzo Blu a ver alguna de sus exposiciones temporales de arte o permanentes dedicadas a la historia de la ciudad. Y si no les gusta el arte ir a sacarle una foto a la fachada azul. Se encuentra en el Palazzo Giuli Rosselmini Gualandi, un antiguo palacio recuperado por la Fondazione Pisa que debe su nombre al color azul que descubrieron durante una restauración reciente.
·         Cruzar el “Ponte di Mezzo” y tomar un helado en La Bottega del Gelato en Piazza Garibaldi.  
·         Dejar de lado el mapa y perderse en el centro histórico pisano, van a encontrar pequeños bares, casas de colores, iglesias. ¡Me encanta!
·         Visitar la “Piazza Dante Alighieri” y  almorzar en una de las que para mí es una de las más tradicionales trattorias de la ciudad: la “Trattoria da Stelio”.  Atendida por su dueño es la mejor opción para recuperar fuerzas para seguir conociendo la ciudad. El menú del día es grandioso, barato y riquísimo.
·         Llegar a “Piazza dei Cavalieri”, admirar la gran fachada del “Palazzo della Carovana” o mejor conocido como la Escuela Santa Ana (dependiente de la Univ de Pisa) y tratar de que ningún auto los pise. Esta plaza también la llaman “Plaza de las siete calles” porque en la antigüedad  ese era el número de las calles que desembocaban allí. Actualmente son sólo cinco.
·         Ir hasta la “Piazza dei Miracoli”, sorprenderse con la Torre y visitar el trío de monumentos que hay acá: con el Duomo y el Baptisterio además de la famosa Torre Inclinada.
·         Volver al “Ponte di Mezzo” y ver el atardecer.


Nuestro primer día termina y lo único que queda es tener un gran descanso para disfrutar al máximo el segundo día. 

El segundo día lo destinamos a Lucca, una pequeña ciudad que muchas veces es dejada de lado pero que es tan hermosa que no se puede creer. Tiene la mura medieval casi intacta pero no es la única de sus atracciones. Acá van mis imprescindibles:
·     * Subir a alguna de las torres de la ciudad para ver todo desde arriba: la Torre Giunigi tiene 231 escalones y la Torre de las Horas, 207. Ésta última tiene un gran reloj que aún conserva la mecánica manual para funcionar y se puede ir viendo a lo largo de sus escalones.
·    * Visitar el Duomo y alguna de sus 100 iglesias. Lucca es conocida por ser la “Ciudad de las iglesias” y el Duomo es, sin dudas, la más importante. Data del siglo XI y fue reconstruida en el siglo XIV. Y la fachada de mosaicos de la Basílica de San Frediano, que está detrás de la Piazza Anfiteatro, la más colorida.
·    * Almorzar en la Piazza Anfiteatro. Podemos acceder a ella a través de uno de sus cuatro arcos y lo primero que nos va a llamar la atención son sus edificios de colores. La tarea difícil va a ser elegir un restaurante o cafetería para hacer nuestra parada.
·    * Disfrutar de un aperitivo en Piazza San Michele con su iglesia de fondo. Sin dudas esta es una de las mejores formas de terminar un día de paseo. A ver si encuentran el ángel que corona su fachada.
Podemos dormir en la ciudad o volver a Pisa a terminar el día. ¡Hay que descansar bien para nuestro último día en la Toscana! 
Duomo di Lucca.

Piazza del Anfiteatro, Lucca.
Tercer y último día. Nos vamos a Siena, una ciudad tan linda y tan bien conservada que hasta es Patrimonio de la Humanidad de la Unesco desde 1995. Éstos son mis imprescindibles:
·         Visitar la Piazza San Domenico y darnos una idea de los que vamos a ver luego. Como Siena está construida en tres colinas pueden ver a lo alto el Duomo y el horizonte que si tienen suerte estará despejado. No dejen de visitar la Basílica de San Domenico donde pueden encontrar la reliquia de Santa Catalina de Siena. Se trata de la cabeza de la Santa patrona de Italia.
·         El IMPRESCINDIBLE más imprescindible es la Piazza del Campo. Además de ser el escenario principal del “Palio” que se realiza dos veces año, es una plaza particular por su forma de abanico. En el centro de la plaza van a encontrar la “Fonte Gaia” que fue construida en el 1346 para festejar la llegada del agua a la ciudad. Pero esta no es la original sino una copia hecha en 1869. Las esculturas de mármol originales están en el Museo de la ciudad. Acá también pueden apreciar el “Palazzo Pubblico” y su campanario: la “Torre del Mangia” que tiene más de 100 metros y pueden subir para tener una vista total de la ciudad. ¿Se dan cuenta porqué les dije que era EL imprescindible?
·         Admirar la Piazza del Duomo y el Duomo mismo. Podemos acceder caminando por Vía Fusari o por las escaleras que están junto al Baptisterio. Está construida en mármol blanco y verde oscuro y simplemente impactante.
·         Si es domingo pueden visitar la Piazza del Mercato y el mercado de la ciudad donde van a poder comprar y degustar todo tipo de productos típicos. Está justo detrás de la “Torre del Mangia” y desde acá podemos acceder al “Orto de Pecci” un parque para descansar, hacer un picnic o comer en su restaurante.
·         Perderse por las calles del centro histórico y descubrir cada una de las diecisiete CONTRADE o barrios de la ciudad. Las “contrade” tienen una bandera con los colores e imágenes que los representan y obviamente es lo que distingue a cada equipo en el famoso “Palio”. ¿Ya tienen su “contrade” favorita? 
 
El recorrido por el “Triángulo de las Bermudas Toscano” termina acá, pero hay mucho para ver todavía en esta región. 
Este mismo recorrido lo pueden hacer en una semana y dedicar dos días a cada ciudad para conocerlas al modo que más me gusta a mí, como si fuéramos un local.

Viajen mucho y disfruten el momento.


Esta entrada es un remake de tres artículos que escribí para Es Florencia. Pueden leer los originales en su página: "La Pisa escondida", "Siena, recorrido de un día y a través de cinco plazas", "10 cosas imprescindibles para ver y hacer durante un día en Lucca".

sábado, 17 de noviembre de 2018


No soy una viajera normal.

No soy una viajera normal.
No soy una viajera normal. No conozco el Norte Argentino y no llegué más que hasta Bariloche en el sur. Bolivia con el “Salar del Uyuni” y Perú con su “Machu Pichu” siguen en mi lista de viajes pendientes. Tampoco fui a Tailandia, Australia, o India. No conozco New York ni Marruecos, pero siempre los pongo en primer lugar en mi lista de “Lugares que quiero conocer el próximo año”. No me saqué una foto en alguna de las Islas del Sudoeste Asiático, ni con el Taj Majal de fondo y mucho menos no hice ningún tipo de contorsionismo para sacar una foto de las Torres Petronas enteras. Nunca hice “Couchsourfing” ni “Work Away” aunque tengo cuentas activas y entro casi todos los días a “ver que hay”, como si fuera un local de ropa. Hice “autostop” (o mejor dicho “hacer dedo”) un par de veces, pero confieso que me dio un poco de miedo y “Blablacar” lo usaba sólo con mujeres.

No soy una viajera normal. Al principio viajaba con de todo, con los años fui aprendiendo. La valija grande se convirtió en mochila, pero hay cosas de las que no me puedo desprender. Cuando viajo sola no me gusta “hablar con cualquiera” sólo porque estoy sola y en los viajes hay que hacer sociales. Creo que mi personalidad entre introvertida y tímida que me agarra en ciertos momentos no ayuda. Al mismo tiempo los mejores amigos que me ha dado la vida (y los viajes) los hice por “hablar con cualquiera”, por dejar de lado ese miedo interno que me hace encerrarme, porque no me importó no saber hablar bien en otro idioma, por ser un poco más la “Anyu de la gente”.
 No soy una viajera normal. Lo primero que hago cuando llego a destino es ir al supermercado. Es más, elijo el alojamiento basándome en si hay supermercados cerca. En mis mapas de viaje marco bibliotecas, papelerías, grandes librerías de renombre y pequeños locales con libros viejos, mercados de antigüedades y gastronómicos. No sigo las guías de “Lo que no te debes perder de…” o “Las 15 cosas para hacer en…” aunque tengo que admitir que las consulto, las leo y a veces las escribo, pero no las sigo…hago mi propia lista porque AMO LAS LISTAS.
No soy una viajera normal. Así como cuando llego antes al aeropuerto me siento cerca de “Llegadas” y miro la cara de las personas que esperan y no al que está llegando, saco fotos a los que se están sacando fotos con los “monumentos que si o si tenés que fotografiar”. También saco las fotos que todos sacan, pero no son mi prioridad.
No soy una viajera normal. Mi primer viaje fue el de mis quince años. Cambié mi "Fiesta de 15" por un mes de Safari en Sudáfrica.Creo que ese primer viaje fue un punto de inflexión mi vida, ahí empezó todo. En el 2011, como regalo de fin de mis estudios, viajé a Europa tres meses. Viví dos meses en Madrid y el último mes lo dediqué a recorrer ciudades normales y no tanto de Europa con mi hermana y una amiga. Cuando volví me terminé de convencer que eso era lo que quería para mi vida, por eso los casi tres años siguientes los dediqué a ver cómo podía hacerlo. A fines del 2014 dejé mi casa, mi ciudad, mi país para empezar esta aventura de “Cocinar para viajar y viceversa”.  Chile fue mi primer destino y ahí nació mi “primer hijo digital”: COCODIS (Cocinar, Comer y Disfrutar). Con este blog me animé a escribir para los demás, pero desafortunadamente el trabajo y otras responsabilidades hizo que lo deje. Retomé a principios de este año y fue una especie de “salvavidas” (pueden leer "La creatividad me salvó" para entender un poco más). En el medio pasaron muchas cosas, hubo muchos viajes, volví dos veces a mi casa, cociné en todo tipo de cocinas y conocí mucha gente. Incluso encontré el amor.
Hoy cumplo cuatro años como viajera anormal y conmigo también los cumple mi primer hijo digital. Ambos comenzamos a transitar nuestro quinto año de vida juntos, quien sabe lo que nos espera.
No soy una viajera normal, soy una nómada gastronómica. (Diciembre 2014, Concepción - Chile.)
No soy una viajera normal, soy una nómada gastronómica.


Viajen mucho y disfruten el momento.

domingo, 11 de noviembre de 2018


El pastel de choclo es una receta chilena por excelencia, pero hoy les voy a compartir mi versión: la de La Gata Flora.

Pastel de choclo, receta chilena
Pastel de Choclo Chileno. (Imagen de "En mi Cocina Hoy")
Como algunos saben, cociné y viajé un año en el sur de Chile y de ahí que este plato me acompaña. También era uno de los que siempre pedíamos cuando íbamos a vacacionar a Viña del Mar. Recuerdo a mi mamá comprando pastel de choclo en el supermercado sólo para quedarse con la cazuela de barro en la que venían. En realidad, nunca lo preparé, aunque lo comí muchísimas veces. Hoy es mi primera vez.
La receta original chilena lleva pino, pastelera de choclo y pollo asado además de huevo duro y aceitunas negras. El pino es nuestro picadillo de carne de las empanadas o pastel de papa. El pino chileno no se hace igual al de nosotros, aunque el resultado final es muy parecido. La pastelera de choclo es el equivalente a nuestra humita, pero en realidad no es lo mismo porque no lleva ni cebolla, ni tomate, ni pimientos. Se hace sólo con el choclo, leche y albahaca. La versión de La Gata Flora es con picadillo de carne argentino, humita y sin pollo. Lo que si le puse del original son los huevos duros.
Pastel de Choclo a La Gata Flora.
(Dos porciones)
Ingredientes:
Picadillo:
Manteca y aceite de oliva (para cocinar).
350 gr de carne molida.
700 gr de cebolla.
Sal y pimienta.
Condimentos: orégano, pimentón ahumado, ají molido.
Humita:
Aceite de oliva para cocinar.
2 latas de choclo en grano o su equivalente en choclo fresco.
1 cebolla.
1 pimiento.
½ Tomate.
1 cda de extracto de tomate.
Albahaca fresca cantidad necesaria.
Sal y pimienta.
Leche cantidad necesaria.
Armado:
2 huevos duros 
Queso fresco y queso rallado para gratinar.
Paso a paso:
El picadillo lo hago con la receta del picadillo de las empanadas de mi mamá y la pueden ver acá. Es la que uso para todo: empanadas, pastel de papa y ahora también pastel de choclo.
La humita es una receta que también uso para todo y la hago desde la facultad. En aquellos tiempos me la pasaba en la casa de una amiga de San Juan y, para sacar provecho de lo que estábamos estudiando, siempre cocinábamos algo. La humita era uno de nuestros platos preferidos y la preparábamos unas veces en “chala” y otras “en olla”. Como buenas aprendices de gastronomía rallábamos los choclos naturales, pero acá o son muy caros o no se consiguen así que yo lo hago con los de lata. 
¡Vamos a cocinar!
Humita:
1)Cortar la cebolla, el pimiento y los tomates bien chiquitos.
2)Rehogar la cebolla y el pimiento con aceite de oliva y cuando la cebolla esté transparente incorporar el extracto y el tomate fresco. Condimentamos con sal y pimienta y cocinamos al menos 15 minutos.
3)Agregamos el choclo, la albahaca picada, un poco de leche y cocinamos 10 minutos más. Como yo utilizo choclo en grano (no hay en crema acá) lo proceso (fuera del fuego) con la minipimer hasta conseguir la consistencia deseada. A mi no me gusta muy molido así que dejo algunos granos. Ustedes lo pueden hacer como prefieran.
4)Volvemos al fuego y agregamos más leche. La cantidad va a depender de si les gusta más o menos cremosa en consistencia. Tenemos que cocinar por lo menos 20 minutos por lo que es muy probable que necesitemos más leche, se van a dar cuenta cuando es el momento de agregarla.
5) Rectificamos la sal, pimienta y si fuera necesario la albahaca fresca picada y ya la tenemos lista.
Armado:
1)El pastel de choclo chileno se arma en cazuelas individuales de barro, pero yo lo armé en grande como nuestro pastel de papa: abajo la capa de carne, le puse huevo duro en mitades y arriba la humita. 
Pastel de Choclo a La Gata Flora.
2)Colocamos en un horno caliente por 30 minutos, retiramos, ponemos queso fresco y rallado por encima y volvemos al horno para gratinar.

¿Me creen si les digo que tenía tantas ganas de comerlo que no le saqué una foto?

Si estuviera en la Argentina abriría un Malbec.


Cocinen rico y disfruten el momento.

sábado, 10 de noviembre de 2018


Si tienen un domingo libre en la capital española no dejen de visitar el Mercado del Rastro, pueden encontrar miles de cosas o esas los pueden encontrar a ustedes.



"Uno no elige los libros, los libros lo eligen a uno".

No sé porqué esperé 30 años para leer este libro. Tal vez lo leí durante mi infancia en el colegio y no lo recuerdo. Lo que si sé es que si no lo leyeron tienen que hacerlo. No se van a arrepentir.
Si hay un libro que te invita a viajar es este y si te gusta leer además de viajar es un imprescindible para la biblioteca. No me gustan los spoilers así que lo que leerán a continuación no es una reseña tradicional.
Hace unos meses fuimos a Madrid, acá pueden ver todo lo que hicimos. El domingo en muchas partes del mundo es día de mercado y en Madrid está uno de los más grandes y lindos de Europa: el Mercado del Rastro. ¿Saben por qué lo llaman así? Este mercado está ubicado en una cuesta bastante pronunciada donde, en la antigüedad, se encontraban las curtidurias y el matadero. Durante el traslado de las vacas, éstas dejaban un “rastro” de sangre en el camino y se dice que esto dio origen al nombre del famoso mercado.

Me acuerdo que salimos temprano en la mañana porque esa es una de las premisas, además de no llevar más que un poco de dinero en los bolsillos y una bolsa para meter todas las chucherías que puedas llegar a encontrar. En el mismo instante que atravesamos la puerta yo sabía que tenía frío. No dije nada para no retrasarnos. A las pocas cuadras no aguantaba más pero ya estábamos lejos para volver así que le dije a él que apenas llegáramos al mercado me iba a comprar algo en el primer puesto y así fue: en la primera montaña de ropa que vi, coronada con un cartel de “Todo por 2€”, me zambullí como si fuera una pileta de natación y salí a la superficie con una campera negra que desde ese momento se convirtió en mi salvación. Ya estaba lista para empezar nuestro recorrido.

El Rastro es más viejo de lo que parece. 400 son los años de historias, objetos cotidianos y no tanto, ropa vieja y usada, discos de vinilo, intercambios de cartas entre niños y grandes y todo lo que se les ocurra que se puede comprar y vender. Y libros, por supuesto, muchos libros.
Si lo viéramos desde arriba veríamos algo así como un triángulo enorme que se forma entre las calles Toledo, Embajadores y la Ronda de Toledo, el punto de partida es la “Plaza de Cascorro” y según lo que queramos ver y comprar, sólo ver o sólo sacar fotos es a donde nos tenemos que dirigir, aunque yo aconsejo perderse entre sus calles  porque es la única manera en la que vamos a encontrar lo que no estamos buscando, como me pasó a mi con “Relato de un Náufrago”.
Ésta es más o menos la distribución de los puestos. Digo “más o menos” porque no es fija aunque siempre tratan de juntarse según las cosas que vende cada uno.
Mapa de "El Rastro"
La Calle Rivera de Curtidores la podemos hacer en “bajada o en subida” dependiendo de donde comencemos nuestro recorrido. En nuestro caso, como nuestro recorrido empezó en la “Plaza del Cascorro”, fue de bajada. Tienen dos opciones: o dejarse llevar por la marea de gente y no ver nada o ser un poco “contras” y pararse en todos los puestos que nos llamen la atención independientemente si vamos a comprar o no. Hay de todo, de lo que se imaginen: puestos con abanicos, mochilas, ropa de cuero, montañas de jeans Levis, artesanías, etc.
La Calle San Cayetano es conocida como la “calle de los pintores”. Acá pueden encontrar negocios (abiertos todos los días) donde comprar materiales para pintar, dibujar y también cuadros. Una especie de juguetería para mí.
En las Calles Mura el Rio Alta, Mira el Rio Baja y la calle Carnero van a encontrar antigüedades de todo tipo distribuidas en el piso, son los típicos “traperistas” del Rastro.
Y en algún momento van a llegar a la Plaza del Campillo del Mundo Nuevo. Acá díganle “adiós” a su acompañante, si es que fueron acompañados, y pónganse un horario y punto de encuentro. Hay de todo literalmente y si no hay es porque no existe.
"Si-le, No-le"
Sin dudas lo que se robó toda mi atención en esta plaza fueron las personas repartidas en pequeños grupitos con una en el medio. No entendía qué era hasta que me acerqué. Resulta que todos los domingos en la mañana los niños españoles de entre 5 y 8 años (deduje yo) van con sus padres a intercambiar figuritas (que después aprendí que se llamaban “cromos”). Las hay de todo tipo: las típicas de fútbol, de animé, de muñecas para las niñas... ¿Quiénes son los que las intercambian? Adorables abuelos que no aguantaba las ganas de abrazar. Después vi que también había un par de adolescentes haciendo de “central”, nombre con el que acabo de bautizar a la persona que estaba en el medio del grupo de niños con las figuritas que todos querían: las difíciles. Habré estado media hora mirando fijamente a estas personas haciendo sus intercambios para entender un poco más como lo hacían y llegué a la conclusión de cómo se hacían las transacciones.
Cada niño (hay niños y niñas) tiene un taco con sus figuritas repetidas, el álbum lo dejó en su casa, y un papel en el que anota las que le faltan. Se acerca a un “central” y con su papel en mano se lo muestra para ver si él tiene alguna de la lista, van a ver que van a empezar a escuchar gritos de “Si-le, No-le” según la tengan (Si le tienen) o no (No le tienen). Si es así comienzan las tratativas de intercambio que pueden llegar a terminar con una “pequeña” suma de dinero si es que la figurita en cuestión es muy difícil o no. Termina casi siempre con el niño tachando de su lista las figuritas que acaba de conseguir aunque también vi caras tristes por no haber cumplido el objetivo.

Terminé de recorrer esta plaza y me olvidé de lo que había visto al principio, así que volví a darle la vuelta y me paré en uno de los puestos más grandes de libros. No les miento, pasé más de media hora mirando y hojeando libros nuevos, viejos, algunos amarillentos y otros más blancos...pero para mi desgracia no me decidí por ninguno. Si, soy muy indecisa. Ya se acercaba la hora del reencuentro, era el medio día, y me fui del puesto con las manos vacías.
Nos reencontramos y estábamos muertos de hambre por lo que decidimos ir a comer unas “tostas” al lugar más turístico de todos. Se trata de “El Capricho Extremeño”, un pequeño bar (se podría decir) que abre los sábados y domingos y lo único que sirven son tostas. Las tostas son las primas hermanas de los “pinchos” del País Vasco o de los “montaditos” andaluces. No son más que un sándwich de una sola tapa con el pan tostado. Y las hay con de todo arriba: desde aceite de oliva y tomate hasta pulpo o con una pechuga empanada (para nosotros una milanesa de pollo). Obviamente al ser un lugar turístico siempre hay cola pero como digo siempre “si hay cola vale la pena” y ¡si que vale! Porque además de ser muy ricas son muy baratas. Además con dos ya estás más que satisfecho.

Yo no tuve ni tiempo de inmortalizar el momento porque cuando tengo hambre no pienso más que en comer. La foto que ven a continuación refleja el porqué no saqué mi propia foto. 
Resultado de imagen de el capricho extremeño madrid
Tosta de pulpo, El Capricho Extremeño - Madrid. (Imagen de Kelsey Social)
Se estarán preguntando dónde fue que “Relato de un Náufrago” me encontró si no fue en la Plaza del Campillo. Bueno, cuando ya nos decidimos a volver lo hicimos cuesta arriba por la misma calle que bajamos. Volvimos a ver todo el mercado de alguna manera. Pero en una de las calles que cruzaban un puesto me llamó la atención y allá fuimos. Habían vinilos por un lado y libros por el otro así que mientras yo hojeaba libros, él pasaba uno a uno los vinilos. Ya me estaba por dar por vencida cuando lo vi, en una pila de libros chiquitos, como escondido. Lo único que alcanzaba a leer era “relato” y cuando lo agarré y lo vi me volvió el alma al cuerpo. Al principio dudé porque ya habíamos comprado otras cosas y no nos quedaba mucho peso libre pero ¿quién se puede resistir a un libro?

Seguimos nuestro recorrido y justo antes de llegar al final nos encontramos con ellos, tres chicos sentados cada uno con su máquina de escribir y un cartel atrás que decía: “tu dame el tema yo hago el poema”. Había gente haciendo cola entonces me acordé de las tostas y me quedé.
Nuestro tema fue el viajar, el dejar la casa, los amigos, los afectos... Ella tomó todo eso y nos hizo un poema titulado “Irse”.
Así terminó nuestro paseo por “El Rastro”: con un libro nuevo para mi colección, un par de vinilos para la suya y un poema. Volvimos a casa más felices que niños con juguetes nuevos.

Pero no fue hasta hace unos días que decidí empezar a leer el libro que me encontró en Madrid. Fue una mañana frente al mar, mientras pensaba en todo lo que me pasó este año (que todavía no termina). Ayer viví ese triste y duro momento que es leer la última página de un libro que te atrapó desde el principio.

“Relato de un náufrago que estuvo diez días a la deriva en una balsa sin comer ni beber, que fue proclamado héroe de la patria, besado por las reinas de la belleza y hecho rico por la publicidad, y luego aborrecido por el gobierno y olvidado para siempre” es lo que dice la tapa.

¿Alguna vez les pasó que sintieron que un libro los haya elegido para que lo leyeran? ¿Cuál? ¿Cómo se sintieron al terminarlo? ¿Cuánto tiempo tardaron en ser encontrados por otro? Me encantaría conocer sus historias con sus libros favoritos. Los leo en mis comentarios.

Disfruten el momento.

viernes, 9 de noviembre de 2018


Unas buenas empanadas árabes hechas en casa son lo único necesario para terminar bien un fin de semana. Después de probarlas no van a llamar más al delivery.


No hay sábado o domingo en la Argentina que termine sin pedir una docena de empanadas para cenar entre amigos. Las hay de carne en muchísimas variantes dependiendo la ciudad en la que estemos, de jamón y queso, humita y actualmente están apareciendo las opciones de “empanadas gourmet”. Pero hay una variedad que no falta en ningún menú y son las “árabes”.

Empanadas árabes como las del delivery pero hechas en casa.
Las empanadas árabes son tradicionales del norte de África y en su gusto prevalecen las especies de todo tipo, tan características de la cocina de esta zona. Llegaron a España a través de la invasión Musulmana en la península sobretodo en la región de Andalucía donde hay zonas en las que nos parece estar en Marruecos. De ahí a nuestro país viajaron luego de la inmigración española de nuestros antepasados y los argentinos, por supuesto, las tomaron como propias. La receta original lleva carne de cordero pero en la Argentina casi todos las preparan con carne vacuna.

Para que el próximo fin de semana no tengan que llamar al delivery les paso mi receta de empanadas árabes y algún que otro secreto para que las suyas sean las mejores.

EMPANADAS ÁRABES:
MASA: Para 18 tapas de 15 cm de diámetro.
La teoría dice que las empanadas árabes llevan una masa con levadura pero como les dije que era mi receta yo las hago con una masa de “empanada criolla” que es una masa que queda seca y crocante.
Últimamente las recetas que he probado hacer con grasa (acá no es tan fácil encontrarla) al gusto las encuentro bastante fuertes por eso esta masa decidí hacerlas con margarina. Ustedes son libres de utilizar la materia grasa que prefieran: grasa, margarina, manteca o aceite.

1) Derretimos 100 gr de la materia grasa elegida y la dejamos entibiar un poco. Hacemos una corona con 500 gr de harina en el medio incorporamos 15 gr de sal, una pizca de pimienta, la materia grasa elegida y formamos la masa con aproximadamente 200 cc de agua tibia.
2) Dejamos descansar tapada en la heladera por 30 minutos como mínimo.
3) Porcionamos en bolitas del tamaño de una pelota de golf y dejamos nuevamente descansar tapadas mientras realizamos el relleno.
RELLENO: Para 12 unidades.
Carne molida (si es dos veces mucho mejor) 500 gr.
Cebolla 300 gr.
Tomate 100 gr.
Pimiento rojo 100 gr.
Jugo de limón 200 cc.
Sal y pimienta.
Ajo picado 1 diente.
Perejil picado y/o menta picada a gusto.
Extracto de tomate 1 cda.
Especias: mezcla de especias árabes (“Barahat”) o nuestra propia mezcla hecha con: pimentón, ají molido, comino, nuez moscada, canela, pimienta blanca y pimienta negra.
Limón en rodajas para acompañar.

1)Picar las verduras bien chiquitas y mezclarlas con la carne y los demás ingredientes. Uno de mis secretos es “amasar” el relleno como lo hicimos anteriormente con la masa. El otro es un ingrediente que no está en la lista: una salsa picante tipo mexicana, le da un toque muy especial.
2)Tapar y dejar “cocinar” en la heladera. Este es uno de los tantos mitos de la cocina porque en realidad la carne no se cocina sino que cambia de color y parece como si lo estuviera. Por efecto del ácido del jugo de limón, la cebolla y el tomate la carne pasa del rojo a un rosado pero para que desaparezcan los microorganismos que pueden producir algún tipo de enfermedad es necesario un cambio de temperatura.
ARMADO:
1)Mientras el relleno se macera estiramos cada bolita de masa con un palo de amasar hasta alcanzar los 15 cm de diámetro. Espolvoreamos con almidón de maíz entre cada una para que no se peguen entre si. Si nos sobran entre cada una ponemos un cuadrado de papel manteca y luego las metemos todas en una bolsa tipo “ziploc”. Las congelamos y cuando las necesitemos las sacamos y dejamos descongelar a temperatura ambiente, nunca al microondas porque se pueden cocinar.
2)Para armar las empanadas primero formamos bolitas con el relleno de manera de extraer todo el jugo. Si no realizamos esto en la cocción va a humedecer mucho la masa y no van a quedar bien. Este es otro de mis secretos.
3)Colocamos el relleno en el medio de la masa y cerramos como si fuera un triángulo.
4)Cocinamos en un horno fuerte por 15 minutos o hasta que la masa esté dorada.
5)Para acompañar no puede faltar mucho limón y una buena cerveza helada.
No hay mejor forma de terminar el fin de semana que entre amigos y con buena comida.


Cocinen mucho y disfruten el momento.

lunes, 5 de noviembre de 2018


De cómo la creatividad pasó de estar escondida a salir a la luz. De cómo la creatividad me salvó. 

Imagen relacionada
“Perderse para encontrarse” es una frase muy trillada pero es tan real que da miedo.
El 2018 fue un año de tantos cambios que ni yo se como pasó y ya está por terminar.
Desde el comienzo no fue nada fácil. Empecé el 2018 en los Alpes franceses, trabajando de lo que me gusta, aprendiendo mucho y practicando un idioma que tenía un poco olvidado. Pero no la pasé tan bien como creía, el frío se hacía notar hasta en la gente. Fue la primera vez que me perdí.
A mi rescate llegó este blog que lo tenía olvidado y revivió después de tres años inactivo. Fue gracias a un libro que me regaló él para el Día de los Enamorados. Ese libro me empujó a volver a escribir.

Hablemos de Comida, Dianne Jacob.
Dianne es una experta escritora especialista en gastronomía que imparte conferencias y talleres en los Estados Unidos y resto del mundo. Es autora y coautora de muchos éxitos y actualmente vive en California.
“Hablemos de comida” es la guía definitiva para escribir libros de cocina, blogs, memorias, recetas y mucho más.
El famoso chef Anthony Bourdain, fallecido hace poco, dijo acerca de este libro: “Es una obra concisa, ilustrativa y eminentemente práctica sobre los secretos de la escritura gastronómica profesional”.
“Hablemos de comida” me salvó.
Terminó la temporada de invierno y volví, pero a otra casa. Entre acomodarme y acomodar el nuevo hogar se me pasó el primer mes casi sin pensarlo. Pasó Semana Santa, empezó mayo, cumplí 30 años, vinieron mis papas y mi abuela a visitarme, hicimos un viaje divino y ahí se me fue otro mes. Ya en Junio/Julio tenía que empezar con el mayor de los objetivos que tenía para este año: “el pasaporte rojo”. Desde el día 0 no fue como lo esperaba y me volví a perder. Han pasado ya cuatro meses y el pasaporte está más verde que rojo pero no estoy tan perdida como al principio.

La creatividad me salvó.
Estaba negada, veía todo negro, no escuchaba a nadie. Sólo a mí y mis pensamientos negativos, pensando en que todo el esfuerzo de la gente que me rodea era en vano. Caí en un agujero oscuro que lo salvaba con el celular, instagram y esa pantalla que me hacía publicar fotos felices mientras no lo estaba. Ya no escribía tanto, estaba dejando de lado eso que unos meses antes me había salvado y me escondía atrás de esas fotos que poco demostraban cómo me sentía en ese momento. Entonces me prometí a mi misma y a los Santos en los que confío que no me iba a esconder más tras esa red social y así fue como hace tres meses que le puse un “stop”.
Al principio no fue fácil, no salía de mi casa por tres días seguidos...cosa que aún hoy sigo haciendo. Pero cuando tomaba el coraje para hacerlo caminaba siempre por lugares distintos y si tenía que ir a un lugar (que es casi siempre el supermercado) optaba por caminos diferentes aunque tardara más tiempo en llegar. Y sacaba fotos, a todo lo que se me cruzaba por la vista. Así fue como según él mejoré muchísimo y cada día son más lindas mis capturas.
Cocinaba mucho todos los días y no sólo las comidas imprescindibles. Empecé a hacer recetas tradicionales italianas, toscanas, hacía budines inventados y hasta hice dulce de leche. A todo esto también le sacaba fotos aplicando los conceptos que aprendí en un curso de fotografía gastronómica que hice en la Argentina antes de venirme.
Poco a poco empecé a escribir otra vez y no sólo para mi blog sino también para la Revista Digital EsFlorencia.
Me puse a investigar sobre otras mujeres viajeras como yo, vi lo que hacían y me propuse hacer lo mismo pero a mi modo, al modo de La Gata Flora. Una de mis "viajeras preferidas" es Aniko Villalba. Ella es argentina, viaja y escribe por el mundo (aunque ahora está parada en Amsterdam), tiene tres libros publicados y dos blogs (Viajando por ahí y Escribir.me) y no me canso de leerla, de escucharla, de mirarla en vídeos porque realmente es inspiradora. Recién la conocí a comienzos de este año, cuando me perdí por segunda vez y recurrí al mar que es Google para inspirarme un poco. Desearía haberla conocido antes. Ella siempre habla de Julia Cameron, una escritora, artista, profesora, entre muchas otras cosas más, de los Estados Unidos. Tiene 70 años y más de 30 libros escritos. Su primer libro "El Camino del Artista" (1992) es simplemente fantástico y los puede salvar si creen que están perdidos.
Austin Kleon es otro autor que sin el aporte de Aniko no hubiera conocido, así que también le doy gracias por eso. Él y su "Roba como un Artista" fue el punto de inflexión para que este 2018 pasara de "una mierda" a "una mierda con mejor olor". Es un libro corto, conciso y que se puede leer en una hora y volver a releer cuantas veces quieran porque no cansa.

"Es como tomar un vaso de CocaCola cuando estamos sin energía, nada más que no produce caries." 

Las manualidades, la pintura, las artesanías y todo lo que tenga que ver con cortar y pegar papeles, con dibujar y reciclar a mi me encanta. Participé (y participo) en grupos de escritura creativa, me sumergí en el mundo de los “Diarios de Viaje” (o Journals en inglés) y hasta descubrí un método que une estas dos cosas: la escritura creativa y el arte: el "Método Caviardage". Es un método creado y difundido en Italia por Tina Festa que junta el arte y la poesía escondida para hacer un "arte escrita" lo llamo yo. Austin hace algo parecido pero sin color, todo en negro y lo llama "Newspaper Blackout" porque solo usa diarios y un fibrón.
Una de las cosas que aprendí en todos estos talleres, y en el libro de Austin, es a darle más importancia al tiempo. ¿Ustedes se dieron cuenta de cuanto tiempo están frente a la pantalla del celular? Yo pensé que tras no usar más una de las aplicaciones que más usaba diariamente esto iba a cambiar pero no. Seguía sintiendo que al finalizar el día lo único que había hecho era estar con el celular en la mano.
Your Hour:
“Your hour” es una de las tantas aplicaciones que debe haber para medir el tiempo que pasamos con nuestro celular. No me anime a descargarla hasta hace una semana y no me sorprendió el resultado que me dió: era una “adicta”. Me propuse bajar los tiempos y lo he hecho, pero aun queda mucho trabajo. Si quieren la pueden descargar y hacer como si fuera una batalla contra ustedes mismos. A mi me sirvió muchísimo.

Estudios dicen realizar actividades manuales como tejer y bordar ayudan a disminuir el estrés. Así también médicos de Canadá dicen que el arte cura, en realidad que ayuda a curar enfermedades. Esto se debe a hay estudios que dicen que asistir a museos o muestras de arte tienen efectos positivos en personas que tienen depresión, ansiedad o están bajoneadas todo el tiempo, así como yo.
Todo esto sumado a la escritura creativa, al leer, al dibujar, al sacar fotos y porqué no a cocinar forma parte de la CREATIVIDAD.

La creatividad es la facultad que tenemos para crear algo de manera no tradicional, por eso digo que la creatividad me salvó.

La creatividad -como la propia vida humana- empieza en la oscuridad.
"El camino del artista" (1992)


"El manifiesto es éste: dibuja el arte que quieres ver, empieza
el negocio que quieres administrar, toca la música que quieres
oír, escribe los libros que quieres leer, crea los productos que
quieres usar. Haz el trabajo que quieres que se haga."
Austin Kleon, Roba como un Artista. (2012)

Si se sienten que están en un agujero negro o en una especie de arena movediza que los va chupando no se queden parados. Pongan a funcionar su lado derecho del cerebro y van a ver como de a poco van a empezar a mejorar.
Yo tardé en darme cuenta pero gracias a todos los que me rodean y a la creatividad me estoy salvando.

Y si no saben por donde empezar escríbanme y con mucho gusto les daré consejos de cómo poner en marcha nuestro lado derecho del cerebro y nuestra creatividad.
Disfruten del momento.

Lo más leído

Formulario de Contacto

Nombre

Correo electrónico *

Mensaje *

▼
Subir