viernes, 31 de agosto de 2018

La carbonara es uno de esos platos emblema que tiene Italia y tiene tantos secretos como cocineros que la preparan. Yo la aprendí a preparar cuando me vine a vivir acá y si bien al principio cometía errores "garrafales" para los italianos hoy puedo decir que mi receta se acerca un poco a la original. 

→ Lo primero es elegir la pasta, que tiene que ser "pasta larga". No es que con una pasta corta no se pueda hacer pero esto si que es un error "garrafal"! Según algunos cocineros la carbonara se hace con los "Spaghetti n.5", otros aseguran que los n.7 son los mejores. ¿Cómo saber? Yo uso los n.7 pero obviamente ustedes elijan la pasta larga que más les guste.
→ Lo segundo es la cocción de la pasta. Acá hay un gran problema de gustos, ya que los italianos suelen comer la pasta "al dente" y esto no le agrada a la mayoría de las personas. Es más, para muchos los italianos comen la pasta cruda. 
Como cada pasta tiene su salsa, también tiene su tiempo de cocción y lo trae escrito en el paquete así que no se preocupen. Lo que pasa es que el tiempo de cocción para los italianos es "al dente". ¿Qué significa esto? Cuando se cumple el tiempo de cocción agarramos la pasta, la probamos y si en su interior podemos ver un punto blanco es que están "al dente". Si por el contrario vemos un color amarillo parejo es que se pasaron (según los italianos). Está en ustedes elegir cómo les gusta más.

Imagen de Pinterest.
La carbonara no espera al comensal, son los comensales los que la esperan a ella". 

→ Tercero los ingredientes principales son yema de huevo, guanciale y queso pecorino. Nada de crema, de leche o cualquier otra cosa para que quede cremoso. 
GUANCIAqué? El guanciale es una parte del cerdo que en la Argentina y otras partes del mundo no se conoce y creo que es hasta difícil de conseguir. Sería algo así como la "papada" del cerdo. Es grasa pura veteada con carne, por eso muchas veces la confunden con panceta.
El queso pecorino es un queso que se elabora con leche de oveja, lo que le da un sabor muy especial a la pasta.
→ Dicho esto podemos empezar a cocinar. 


Pasta alla Carbonara: 
(dos porciones)
1. En una olla con agua hirviendo y sal cocinamos la pasta el tiempo que dice en el paquete. Si bien la porción recomendada son 100 gr por persona, yo pongo 125 gr.  
2. Mientras tanto cortamos media cebolla en cubitos que saltearemos junto con 100 gr de guanciale. Si no consiguen guanciale lo hacen con panceta, no hay problema. 
Acá está mi primer error, y lo reconozco. La carbonara NO LLEVA cebolla, pero yo le pongo una pequeña cantidad y la verdad que queda muy bien. 
3. En un bowl tenemos lista nuestra mezcla para la salsa: dos yemas y un huevo entero es mi proporción. Segundo error: la receta original lleva sólo yemas.
Agregamos también 30 gr de pecorino rallado (3 cucharadas), sal y pimienta recién molida (van a notar la diferencia si no utilizan la pimienta en polvo, van a ver). Mezclamos bien para incorporar los ingredientes.
4. Un minuto antes que termine el tiempo indicado de cocción los retiramos del agua, reservando un poco de ella, y los terminamos de cocinar en la sarten donde teníamos el guanciale y la cebolla agregando el agua de cocción para que no se pegue. Este paso permite que todo el sabor del guanciale y la cebolla se impregne en la pasta.
5. Es momento de la verdad: añadir la pasta cocida con el guanciale y la cebolla en el bowl donde teníamos la mezcla de la salsa y remover enérgicamente con una cuchara de madera para amalgamar todo y formar la salsa.
IMPORTANTE: Este es un paso crucial, el más importante de la carbonara diría yo. Ya que si lo hacemos mal es probable que nos quede una tortilla de espaguetis antes que una pasta cremosa. Por eso no hay que incorporar la preparación de huevos sobre la pasta y menos que menos hacerlo con el fuego encendido. Se hace al revés: la pasta sobre la salsa y se mezcla rápido.
6. La carbonara no espera al comensal, son los comensales los que la esperan a ella. Asegúrense que antes de realizar el paso anterior ya estén todos sentados alrededor de la mesa.
¡Buon appetito!

Cocinen mucho.


jueves, 30 de agosto de 2018


Actualmente cada día son más las personas que se animan a viajar low cost con todo lo que esto implica: viajar ligeros de equipaje, ahorrar en hospedaje durmiendo en hostel o alquilar un departamento si están en grupo y comprando la comida en el supermercado. Pero no hay que caer en el error de comer sandwich de jamón y queso, arroz blanco o fideos con manteca todos los días porque estamos de vacaciones y no tenemos en dónde cocinar. Hoy en día los hostels tienen las mismas o mejores instalaciones que nuestra propia casa en las cuales podemos cocinar como si estuviéramos en ella. Es verdad que una noche podemos tener ganas de comer una hamburguesa o probar la gastronomía del lugar, pero si comemos afuera todos los días nuestro presupuesto low cost se va a ir un poco a las nubes. Se puede cocinar y comer rico - y distinto - todos los días, aunque estemos de vacaciones y nos hospedemos en un hostel. ¿Querés saber cómo?


...lo primero que hago cuando llego al hostel de la ciudad que estoy visitando es mirar qué hay y qué no en la cocina para armar una lista e ir al supermercado a comprar la comida necesaria para los días que vaya a estar en el lugar."
Para los que no me conocen soy algo así como la “hormiguita viajera” pero “cocinadora” - cuando era chica le dije a mi mamá que de grande quería ser “cocinadora”-, viajo y cocino alrededor del mundo y soy muy feliz por eso. Amo conocer una ciudad a través de su cultura gastronómica, pero esto no significa “comer afuera” todos los días. Se puede conocer la gastronomía de un lugar a través de lugareños que nos pueden enseñar sus platos más tradicionales, siendo esto una experiencia aun más enriquecedora. También amo los supermercados, amo perderme en ellos y encontrar todo tipo de ingredientes nuevos con los que cocinar y sorprender a mis seres queridos (si es que estoy viajando con ellos). 

Lo primero que hago cuando llego al hostel de la ciudad que estoy visitando es mirar qué hay y qué no en la cocina para armar una lista e ir al supermercado a comprar la comida necesaria para los días que vaya a estar en el lugar. Hay ingredientes que siempre encontramos, pero yo siempre me aseguro que estén para no llevarme sorpresas: aceite, sal, azúcar y especias son cosas que los viajeros compran y dejan cuando se van porque obviamente no pueden llevar consigo de viaje. Nos podemos fijar también en el área “for free” de la heladera: yo una vez me encontré con un paquete cerrado de pasta negra y fue mi cena con un poco de crema y queso. También me fijo que utensillos hay y si tiene o no microondas (esto es muy importante, más adelante se van a dar cuenta porqué). Uno se aloja en promedio 3-4 noches, pudiéndose extender hasta 7 si nos gustó mucho la ciudad. Esto nos da un total de 9-12 comidas (almuerzo, merienda y cena) sin contar el desayuno que casi siempre está incluido en el precio del hostel (yo soy de las que siempre se fija si tienen desayuno incluido y si hay que elegir entre dos siempre gana el que lo tiene). 

A continuación, y basado en mi experiencia como “viajera low cost cocinadora”, les voy a pasar una guía modelo de “gastronomía viajera” que incluye una “lista del supermercado para viajeros” y dos “recetas de viaje” básicas para que pierdan el miedo a la “cocina viajera”. Pero si les gusta esto de la “gastronomía viajera” en la sección de "Recetas Viajeras" van a poder encontrar muchas más para que se animen y sorprendan a sus nuevos amigos del mundo.

Esta guía la van a poder utilizar todos, incluso aquellos que tengan alguna alergia alimentaria y no puedan consumir ciertos alimentos ya que afortunadamente cada vez son más los supermercados que ofrecen productos para personas intolerantes a la lactosa o con enfermedad celíaca por nombrar las alergias alimentarias más comunes (si tenés alguna alergia alimentaria cambiá los productos de la lista por aquellos que puedas consumir). Y como esta guía se basa en productos que podemos conseguir en todos los supermercados del mundo no te preocupes si empezás tu viaje en Colombia, seguís por Barcelona y terminás en Indonesia: la “Guía de Gastronomía Viajera” te va a acompañar a todos lados.

El microondas cuando voy de viaje es esencial, hago casi todo en él: desde calentar algo hasta hacer una torta. Por esto es lo primero que me fijo si tiene el hostel donde me estoy alojando.
Los pilares de casi todas mis recetas son las frutas y verduras: cebolla y pimientos no pueden faltar para un buen salteado inicial. No se asusten al leer “salteado”, es más el tiempo que tardan en buscarlo en Google si no saben qué es a hacerlo. Y se puede hacer en el microondas, ¡tranquilos! Algo para alguna ensalada en verano siempre es bueno. Papas, batatas o zapallo sirven como acompañamiento y también se pueden cocinar en microondas. También utilizo mucho los hongos y la espinaca que quedan muy bien con unos fideos o como relleno de un omelette, también al microondas obvio. Arroz, fideos, huevos, harina, queso y leche no pueden faltar. Las latas también son buenas compañeras de los viajeros: atún, arvejas, choclo en grano. Carne, pescado, pollo o cerdo pueden ser el ingrediente principal de nuestra comida si así lo deseamos. Ustedes estarán pensando: “¡Esta loca me está dando una lista del supermercado que yo utilizo cuando estoy en mi casa y estoy de vacaciones!”. No es que todos estos ingredientes los vayan a tener que comprar si o si, es un ayuda memoria para aquellos que no les gusta ir al supermercado y cuando van terminan comprando lo que ven al alcance: fiambres llenos de grasa, comida hecha para recalentar y gaseosas repletas de azúcar. No tenemos por qué comer distinto porque estamos de viaje. Podemos comer igual o incluso mejor que si estuviéramos en la comodidad de nuestro hogar.

La “lista del supermercado para viajeros” a continuación detallada es para una persona ya que generalmente viajo sola y para un total de 4 días, pero no hace falta más que aumentar los productos si son más o se quedan más días. La pueden descargar desde acá, imprimir y tener siempre a mano cuando vayan a viajar.


Y éstas son dos de mis “recetas viajeras” preferidas y de cabecera: PAPAS RELLENAS AL MICROONDAS y PASTA & CHEESE AL MICROONDAS "ALL IN ONE" que pueden leer completas o acá les paso el resumen: ↓

PAPAS RELLENAS AL MICROONDAS:
1. Cocinar una papa lavada y pinchada con un tenedor entre 2 y 3 minutos en el microondas. 
2. Ahuecamos y preparamos el relleno con la papa que sacamos, queso, especias, sal, pimienta y un poco de aceite o leche (un puré rústico).
3. Rellenamos y volvemos al microondas 30 segundos más para que el relleno se caliente.
4. ¡A disfrutar!

PASTA & CHEESE “ALL IN ONE” AL MICROONDAS:
1. En un recipiente apto para microondas ponemos nuestra pasta seca preferida (100 gr) y lo cubrimos con leche o caldo (150 cc aproximadamente).
2. Cocinamos en el microondas en 3 tandas de 2 minutos revolviendo entre cada una.
3. Para la salsa: 4 cucharadas de leche y 50 gramos de queso (rallado,duro o semiduro, cremoso), revolvemos para integrar y volvemos a meter un minuto más en el microondas para que se caliente y se forme la salsa.
4. Ya están listos pero esperemos unos minutos a que baje la temperatura si no queremos quemarnos la lengua al comerlos.

Recuerden que luego de cocinar y comer en un hostel es muy importante dejar la cocina y los espacios comunes como los encontramos. Si cada uno pone su granito de arena, entre todos podemos cuidar el espacio y hacer de él nuestro hogar por unos días. 

¿Ustedes cocinan cuando van de viaje o son de "comida rápida" todos los días? ¿Les gusta conocer una ciudad a través de su gastronomía o prefieren hacer otro tipo de actividades?
Los leo en los comentarios. 

Viajen mucho, cocinen rico y disfruten el momento.


lunes, 20 de agosto de 2018


Todos los que somos “team McDonald’s” habremos fantaseado alguna vez con poder hacer sus papas fritas en la comodidad de nuestra cocina o un muy fanático por ahí alguna vez quiso trabajar en esta multinacional para poder comerlas todos los días. Es que son casi tan adictivas como la panceta. Hoy es el “Dia Internacional de la Papa Frita” (?) y para festejarlo lo vamos a hacer con qué más que LAS PAPAS FRITAS DE MCDONALD’S.


Hay dos cosas que hacen que las papas fritas de esta cadena no sean como las de otras cadenas de comidas rápidas: una es que son crujientes por fuera y blandas por dentro y la otra es su sabor tan característico que las hace adictivas. Este sabor viene desde los años ’50 y se debe a que para freírlas, antiguamente, usaban una mezcla de aceite y grasa animal. Llegados los años ’80 tuvieron que retirar la grasa animal como ingrediente debido a su gran porcentaje de grasas saturadas. Ahí es cuando aparece el “sabor de carne natural” que no es más que un extracto hecho a partir de trigo y leche hidrolizados (en palabras más entendibles sólo se utilizan las proteínas del trigo y de la leche para generar este “sabor a carne”).
Lamentablemente el sabor no lo vamos a poder imitar, pero si su secreto para cocinarlas.

Papas fritas como las de McDonald’s:
1- Cuando vamos a comprar las papas, elijamos las que sean más largas. De esta manera vamos a conseguir las papas fritas kilométricas como tienen en McDonald’s. Las pelamos y las cortamos en bastones.
2- En un bowl con agua helada (con HIELOS) ponemos nuestros bastones de papa y los dejamos 5 minutos o hasta que el agua esté turbia.
3- Colamos los bastones y los ponemos en otro bowl con agua caliente (más caliente que para el mate) con 2 cdas de azúcar durante 10 minutos.
4- Volvemos a colar y los ponemos en una fuente con papel de cocina (que ayuda a absorber el agua) y los congelamos por 20 minutos.
5- Freímos en aceite caliente (MUCHO, como dice Narda) por 1 minuto, esta es la precocción. Dejamos enfriar.
6- Volvemos a freir (aproximadamente por 5 minutos) hasta que toman ese color “dorado” tan característico. Salamos en su justa medida y están listas para compartir con la familia o entre amigos.

Es verdad, hacer estas papas fritas al estilo McDonald’s es “un viaje”, pero les aseguro que si las prueban así no van a querer volver a comerlas de la manera tradicional. ¿Se animan a correr el riesgo? ¿Son de los que les ponen salsas a las papas fritas? Mayonesa, kétchup, barbacoa, alioli…
Los leo en los comentarios.

Cocinen rico.




domingo, 19 de agosto de 2018


Tengo el recuerdo de mi mamá despertándonos el sábado muy temprano para ir a Mendoza. El premio era desayunar en McDonald’s apenas llegábamos. En aquella época habían hotcakes que después los descontinuaron. Me acuerdo que dos de mis hermanos los pedían y los otros dos pedíamos otra cosa y compartíamos…esos desayunos eran lo más!
Hoy me gustaría recordar esos desayunos con mis hermanos en Mendoza y por eso les dejo esta receta, otra “licureceta”, de los hotcakes de McDonald’s y obvio los #anyutips para los posibles imprevistos.


Hotcakes o Pancakes (en licuadora) como los de McDonald’s:

1-      En la licuadora ponemos todos los ingredientes, primero los líquidos acuérdense: 1 huevo, 1 taza de leche, esencia de vainilla, 25 gr de manteca derretida, 1 taza y media de harina leudante y 2 cdas de azúcar. Ponemos la tapa y licuamos hasta obtener un líquido espeso: es la masa de nuestros hotcakes. Lo pasamos a un bowl, lo tapamos y lo dejamos en la heladera media hora para que la masa descanse.
2-      Ponemos a calentar la panquequera y cocinamos nuestros hotcakes con un poco de manteca para que no se peguen. Cuánta cantidad de masa se preguntarán: para no hacer enchastre utilizamos un cucharon, también para que nos salgan todos mas o menos iguales. Damos vuelta para que se cocinen del otro lado y listo. Mientras cocinamos el resto a los que ya estan listos los cubrimos para que no se enfríen.
3-      Acompañamos con dulce de leche (que también pueden calentar con un poco de leche en el microondas para hacer la típica salsa de McDonald’s), frutas, miel o si lo quieren hacer bien al estilo americano pueden comprar el “jarabe de arce-maple syrup” en la góndola de “internacionales” del supermercado.

#anyutips para posibles imprevistos:
No tienen licuadora. Pueden utilizar la minipimer pero teniendo en cuenta de no hacerlo en el vaso que trae sino en un bowl más grande. También es importante ir haciéndolo de a poco para no quemar el aparato.
No tienen minipimer. Lo hacen a la “vieja usanza” en un bowl con batidora, batidor de mano o un tenedor.
No tienen la panquequera. Utilizan cualquier sarten antiadherente, siempre poniendo un poquito de manteca para que no se peguen.
No tienen manteca. Pueden reemplazar por 2 cdas de aceite de maíz o girasol.
No tienen harina leudante. Le pueden poner 1 cdita de bicarbonato si tienen y sino lo hacen con harina común (no les van a salir tan esponjosos pero les van a salir igual).

Cocinen rico.


jueves, 16 de agosto de 2018

A quien aún no se animó a viajar solo.

De mi mayor consideración:
          Tal vez no me conozcas, soy La Gata Flora y a través de esta carta quiero ayudarte a tomar esa decisión que hace mucho estás postergando: VIAJAR SOLO.

          Si desde chico viajaste con tus padres a todos lados, con tus compañeros y tu profesora en las salidas escolares o con tus primos de campamento, si cuando creciste por fin llegó el viaje de egresados y después de eso te dejaron viajar con tus amigos a la costa, si después te pusiste de novio y viajaste con la familia de tu novio, si cuando terminaste la facultad hiciste el tan ansiado viaje a Europa con tus mejores amigos…pero nunca viajaste solo… seguí leyendo esta carta, porque es para vos.

          El común de la gente suele pensar que viajar solo es aburrido, pero no es así. El común de la gente suele pensar que viajar solo es inseguro, pero no es así. El común de la gente suele pensar que viajar solo es no tener a nadie con quién compartir una cerveza o unos mates, pero no es así. El común de la gente suele pensar que viajar solo es tener sólo selfies en tu álbum de fotos del viaje, pero no es así. El común de la gente suele pensar que viajar solo es egoísta, pero no es así.

          Viajar solo es divertido. Imaginate que vas caminando por una callecita del centro histórico de Florencia o por la Gran Vía de Madrid, te estás quedando sin batería en el celular y decidís apagar el gps, doblas en una calle que no tenés idea a donde te lleva y te encontrás con un grupo de gente haciendo un “flash mob”: no me digas que esto no te parece divertido.

          Viajar solo es seguro. Estés yendo a conocer el Everest o a comprar pan a la esquina de tu casa la inseguridad existe, es real. Esto no significa que viajar lo sea. Al viajar, solo o acompañado, tenés que tomar las mismas precauciones que tomas cuando salís de tu casa todos los días para ir a la universidad o a trabajar: asegurarte de que todas tus cosas estén en un lugar seguro, mirar para los dos lados antes de cruzar la calle, no meterte por un calle oscura sólo porque viste un graffiti genial para sacarle una foto, no confiar en alguien que es excesivamente amigable o se te queda mirando de manera sospechosa y por último, pero no menos importante, estar siempre atento a lo que pasa a tu alrededor. El mundo no es tan inseguro como dicen los noticieros.Antes de viajar se pueden informar en internet o en diferentes guías de viaje acerca de qué riesgos existen en el lugar a donde vamos a ir (podés leer el mapa de los riesgos de viaje). Y cuando estemos “in situ” utilizá tu sexto sentido para evitar todo esto. Tenés que confiar en vos mismo.

          Viajar solo es conocer gente de todos lados, todos los días y en cualquier situación. Nunca estás solo, excepto si vos querés que así sea. Puede haber un día en el que no quieras sociabilizar con nadie, de hecho yo he tenido muchos de esos días. Puede haber otros que te levantas con ganas de hablar en un idioma distinto y te pones a charlar con alguien mientras desayunas. O una noche podés tener ganas de salir a conocer la “fiesta” de donde estás y te enganchas con el grupito que está haciendo previa en el hostel. Podes conocer gente desde que te bajas del avión, mientras haces la cola de migraciones, en el metro, en el alojamiento que hayas elegido, en un museo, en un parque, hasta en el supermercado. Y más aún si estás en un lugar donde no se hable tu idioma, apenas escuchas algo que entendes ya es motivo para acercarte.
          Viajar solo no es ser egoísta. Cuando viajas solo sos generoso cuando aceptas sacarle a alguien una foto para que no tenga sólo selfies en su álbum, sos generoso cuando compartís el poco de yerba que te queda para hacerle probar mate a un irlandés, sos generoso cuando una china se quedó sin shampoo y le convidas del tuyo, sos generoso cuando te estás volviendo y dejas en la recepción del hostel los pasajes que te quedaron sin utilizar para que otro lo pueda aprovechar o cuando escribis en la comida que dejaste en la heladera “for free” para que alguno que no tiene nada para comer se pueda preparar algo, sos generoso cuando hay un frasco para “tips” en el bar y pones aunque sea una moneda, sos generoso cuando no pedís bolsa en el supermercado y llevas las cosas en tu mochila, sos generoso cuando haces un free tour y dejas tu aporte, sos generoso…cuando viajas solo sos generoso. “Todo lo que va regresa”, dice mi mamá.

          Viajar solo es la posibilidad de conocerse a uno mismo fuera de nuestro entorno tradicional (la famosa “zona de confort”), no es perderte es encontrarte. Viajar solo es no poder culpar a nadie por perder un tren, reservar en un hostel feo o no hacer el check in para el próximo vuelo porque dependes de vos mismo, vos tomas las decisiones. Viajar solo es poder cambiar el rumbo de tu viaje porque te gustó donde estás y querés seguir recorriendo la zona. Viajar solo es descubrir que podés hacer cosas que jamás te hubieras imaginado como aprender una palabra en un idioma totalmente desconocido, compartir una comida con un japonés o hacerle probar fernet con coca cola a un ruso.

          Viajar solo es ampliar tu red de amistades, es tener un lugar a donde ir en cualquier parte del mundo que se te ocurra y es poder recibir en tu casa a gente de cualquier parte del mundo que se te ocurra.

          Pero viajar solo también es estar lejos de los tuyos, enfermarte y tener que afrontarlo vos mismo, es estar en un lugar con personas a tu alrededor que ni siquiera hablan tu mismo idioma y no saber cómo decirles lo que te pasa por cabeza, es pasar las fiestas y brindar con gente que conociste dos días atrás. Pero no todo es tan negro, nunca nada es tan malo como parece, al contrario, el enfrentarte a este tipo de situaciones es lo que hace que viajar solo valga la pena.

          Por eso seas hombre o mujer, tengas la edad que tengas y seas de la nacionalidad que seas quiero invitarte a perder el miedo y sacar un pasaje a donde quieras para lanzarte a esta aventura de viajar solo. Y si leíste hasta acá pero sos de los que ya perdió el miedo es porque sabes de alguien que todavía está indeciso. Ayudalo, pasale esta carta.

          Sin otro particular, me despido con un grato saludo desde Italia después de haber comenzado el viaje en Chile, cruzado el charco hasta Andorra y pasar por España y Francia para terminar acá. Por lo menos por el momento.

Atentamente,

La Gata Flora.

ilustration
"Los sellos en el pasaporte son tatuajes para el alma".

Cuando era chica tenía un cuaderno en el que iba anotando todas mis recetas: les ponía número, un título, hacía la lista de ingredientes y escribía el paso a paso. Era como estar escribiendo mi propio libro de recetas. 

Recuerdo como si fuera hoy el día que llegué a la receta número cien, ¡todo un acontecimiento! Después cuando crecí ya no escribí más y me dedicaba a recortar recetas de revistas o escribir en cualquier "papelucho" que tuviera a mano y después lo pegaba en ese cuaderno. Pasaron los años y  cuando fui a la facultad tenía mi propio recetario, que más que recetario era un bibliorato con todas las recetas de cada materia y de cada año. Una verdadera biblia de las recetas. Una de las tantas cosas que colecciono son recetas.
Si son como yo y les gusta coleccionar recetas para tenerlas ordenaditas hoy están de suerte. Acá les dejo recepostales para imprimir cuantas veces quieran y escribir sus propias recetas, las que vean en la televisión o las que lean en la sección recetas de este blog. También la pueden imprimir, escribir y regalársela a alguien. ¿Qué mejor regalo que una receta?

Para guardar las recepostales solo tienen que descargar desde el link:

Recepostal1 click acá:


Recepostal2 click acá:


Para imprimirlas...después escribirlas y guardarlas o regalarlas lo podemos hacer en casa si tenemos impresora a color o sino en una imprenta. Son del tamaño 10 x 15 cm.

Cocinen rico y disfruten el momento.

sábado, 11 de agosto de 2018


Me encantan las mandarinas, incluso desde antes de nacer. Mi mamá ama las mandarinas y siendo familia de finqueros mendocinos siempre hay en mi casa. No uno o dos kilos, un cajón. 

Hace algunos años mi mamá, embarazada de mi, empezó a comer mandarinas y se ve que no pudo parar. Un rato más tarde cuando volvió mi papá, le dijo que se sentía un poco mal porque se había comido medio cajón. Se fueron al hospital. Cuando llegaron los atendió un médico y le dijo a mi papá que fuera a buscar lo que necesitara mi mamá porque la iban a internar: la Anyu estaba por llegar al mundo. Ahí empezó todo.


Cuando terminé el colegio me fui a estudiar a Mendoza, la "tierra del sol y del buen vino" fue mi segunda casa por más de ocho años. Cuando era la época de mandarinas no había día que no tuviera una para comer. El olor que se disipaba en el ambiente mientras las pelaba y que permanecía en mis manos un rato largo siempre es algo que me recuerda a mi casa original, a mi casa de San Luis. Esa cáscara la dejaba secar y se la ponía al mate, me lo enseñó mi abuela. Un día quería hacer un descanso de estudio y que mejor descanso que cocinar. Quería hacer un budín, pero no tenía muchos ingredientes. Se me ocurrió poner en Google “Budín sin manteca y sin huevo”, porque sólo tenía uno. Me aparecieron muchas recetas de distintos tipos de budines: de banana, uno con gusto a café y chocolate (llevaba vinagre) y uno de mandarina, pero llevaba huevo. Hice los tres, pero adivinen cual cociné esa tarde.

Budin de mandarina en licuadora:

*Prender el horno y precalentarlo a 180º.
1- En el vaso de la licuadora primero los líquidos, como dice Narda: media taza de aceite (100 cc si son de las que les gusta pesar), 1 huevo y el jugo de 1 mandarina. Después los sólidos: 1 mandarina cortada (lavada, con cáscara, sin semillas) y 1 taza de azúcar (200 gr). Le ponemos la tapa si no queremos que nuestro intento de budín vuele por toda la cocina y licuamos hasta que desaparece la mandarina y quede un líquido espeso.
2- Pasamos esta preparación a un bowl y le incorporamos 1 taza y media de harina leudante (300 gr) menos 1 cucharada que dejamos aparte en una compotera. Mezclamos con un batidor de mano para incorporar un poco de aire. En ese momento tenía nueces así que las corté no muy chicas, las mezclé con esa cucharada de harina que había separado y la incorporé en la masa. Si no tienen nueces y tienen chocolate queda genial también.
3- Lo pasamos a un molde aceitado y enharinado. Lo llevamos al horno 45 minutos a 180º. Si cuando pasó media hora ven que ya hay olor a budín terminado pueden pincharlo con un palillo de madera para ver si está cocido. Si sale seco ya está. Esto puede pasar porque no todos los hornos cocinan igual y no todos tenemos el mismo molde.
4- Dejamos enfriar, desmoldamos y listo para disfrutar. Si se animan y tienen otra mandarina y azúcar impalpable pueden hacer un glasé mezclando el jugo de la mandarina con el azúcar impalpable hasta conseguir una mezcla no tan densa y se lo ponen por encima cuando el budín ya está frío.

#anyutips para posibles imprevistos:

No tienen licuadora. Pueden utilizar la procesadora o minipimer pero teniendo en cuenta de cortar la mandarina en trozos más chicos porque tiene un motor más chico y la podemos quemar.
No tienen procesadora o minipimer. Utilizan la ralladura de la mandarina que debería ir a la licuadora-procesadora-minipimer (lo hacen antes de pelarla obvio) si quieren un sabor más suave o sino la cortan bien chiquita y va a quedar un poco más presente a la vista. Luego le sacan el jugo y lo utilizan en la preparación. Pueden usar batidora, batidor de mano o un tenedor.
No tienen azúcar. Pueden utilizar media taza de miel (150 gr.) aunque va a cambiar ligeramente el sabor de nuestro budín.
 No tienen mandarinas. Pueden hacerlo con naranjas o limones teniendo en cuenta de quitarle la parte blanca a la cáscara antes de incorporarla (es demasiado amarga).
No tienen horno. La cocinan en microondas en tandas de 10 minutos (en el mío suelen ser dos, 20 minutos en total). El molde tiene que ser de vidrio o silicona apto para microondas.

Cocinen rico.

 

viernes, 10 de agosto de 2018

Nuestro cerebro está formado por dos hemisferios: el izquierdo y el derecho, conectados entre sí. Existen algunas diferencias entre las personas que desarrollan más un hemisferio que otro. Viajar es una actividad que a todos, o a la mayoría, nos gusta hacer y que alimenta mucho a nuestro cerebro. ¿A qué parte? Averigüémoslo.

El hemisferio izquierdo está relacionado con la parte verbal. Es la parte motriz capaz de reconocer grupos de letras formando palabras y grupos de palabras formando frases. También se ocupa de la aritmética, la lógica y las matemáticas. La mitad izquierda es la más compleja y dominante en la mayoría de las personas. Además, al hemisferio izquierdo se le atribuyen la capacidad de análisis, de razonar o de resolver problemas numéricos.
El hemisferio derecho procesa la información de manera distinta que el izquierdo y se especializa en sensaciones, sentimientos y habilidades no verbales como la música o el arte. También se relaciona con la intuición o el recuerdo de caras, voces, o sonidos. Esta parte del cerebro piensa y recuerda en imágenes.

Tengo el recuerdo grabado en mi mente de mi mamá diciéndome: “A vos te gusta todo lo manual, lo que tenga que ver con la imaginación, lo creativo”. Fue y es totalmente cierto. Desde chica que me interesé por todo aquello que me hacía viajar en mi cerebro: dibujar, pintar, escribir, jugar a que tenía un programa de cocina o uno de manualidades, llegué a tener un atelier propio en el altillo de mi casa donde solo entraba yo. Los fines de semana iba a un taller de artesanías con mi abuela, era la única “nena” entre mujeres grandes. Con mi hermana jugábamos a la agencia de viajes. Cuando tuve que elegir una carrera elegí la gastronomía. Quise estudiar diseño pero no pude, aunque es una asignatura pendiente que espero cumplir. Hoy estoy trabajando de lo que me gusta haciendo lo que me gusta: VIAJAR. Todo esto pasa por mi parte derecha del cerebro.
Entrenar y estimular el cerebro permite que éste sea más resistente al deterioro de la edad o a los síntomas de las enfermedades neurológicas. Para entrenarlo, hay tres elementos clave: enfrentar a nuestro cerebro a la novedad, la variedad y el desafío. Viajar cumple con los tres”, dice el Dr. José Manuel Moltó.
Cuando viajamos ponemos a trabajar al máximo a nuestra parte derecha del cerebro y esto es muy bueno para él. Actividades comunes que realizamos durante los viajes como conocer nuevos lugares, nuevas comidas, olores nuevos, interactuar con personas totalmente desconocidas, poner en práctica un idioma que no es el nuestro, tratar de orientarnos, sacar fotos, ir a museos, etc, etc, etc., son las que alimentan a nuestro cerebro y lo hacen saludable.  Porque este órgano cambia a lo largo de nuestra vida y produce nuevas neuronas y conexiones entre ellas (lo que se llama neuroplasticidad) y si nosotros lo ayudamos alimentándolo con estas actividades, nuevas para él, lo mantenemos activo y sano tengamos la edad que tengamos.
Pueden leer: “El hombre es lo que come”, y porque no también lo que lee.
“Entrenar y estimular el cerebro permite que éste sea más resistente al deterioro de la edad o a los síntomas de las enfermedades neurológicas. Para entrenarlo, hay tres elementos clave: enfrentar a nuestro cerebro a la novedad, la variedad y el desafío. Viajar cumple con los tres”, dice el Dr. José Manuel Moltó, vocal de la Sociedad Española de Neurología.
Agrega: “Todas estas experiencias posibilitan que el cerebro se vuelva más plástico, más creativo y que aumente nuestra capacidad de comprensión, lo cual también es muy beneficioso. El hecho de ir aumentando las conexiones implica ir aumentando, asimismo, la reserva cognitiva; lo que, a su vez, hace que nuestro cerebro sea más resistente al deterioro de la edad o a los síntomas de las enfermedades neurológicas”.
Un viaje se vive tres veces: al pensarlo, al realizarlo y al revivirlo. Estamos alimentando  nuestro cerebro en todas ellas.
Entonces para ser felices es importante tener actitud positiva. ¿Quién no tiene actitud positiva cuando viaja? Muchos científicos demostraron que viajar disminuye el estrés y, por lo tanto, aumenta la felicidad. Esto fortalece nuestras neuronas, totalmente lo contrario a lo que pasa cuando nos estancamos en la rutina y sufrimos estrés.
Para fortalecer nuestras neuronas no es necesario ahorrar durante un año para comprar un pasaje de avión, viajar 15 horas, dormir en un tres estrellas, comer en un restaurante caro y dar un paseo en una Ferrari (alquilada). Podemos, de igual o hasta mejor manera, también fortalecerlas levantándonos un domingo temprano, armando una canasta, agarrando las llaves del auto y yendo a pasar un día a un río, una cascada o cualquier lugar que no conozcamos.
Viajar no es salir al extranjero. Muchas personas que conozco cuando digo que soy de Argentina me  comentan que es un país hermoso, lleno de paisajes tan distintos de norte a sur que les encantaría conocer.
Un viaje se vive tres veces: al pensarlo, al realizarlo y al revivirlo. Estamos alimentando  nuestro cerebro en todas ellas.
Viajemos para romper con la rutina y  ser felices!
Nuestro cerebro agradecido.
Los leo en mis comentarios.

miércoles, 8 de agosto de 2018


Ya pasaron casi 15 meses desde que llegué a Italia. Y entre Torino, en la región del Piamonte y Pisa, en la famosa Toscana, supe adaptarme a esta cultura que es tan parecida a la nuestra. Además de aprender su idioma y dialectos, conocer su gastronomía, sus costumbres y visitar muchos de los lugares que este país nos puede ofrecer, me inculqué con curiosidades de todo tipo que ya mismo se las paso a contar.

Cuando empecé a estudiar el italiano no me fue tan difícil como pensaba. Tal vez porque ya habia estudiado francés y tienen la misma gramática. Es un idioma que siempre me gustó escuchar y que nunca pensé que lo iba a terminar hablando. Es también un idioma que tiene miles de dialectos, casi tantos como provincias en su territorio, pero el italiano tal y como lo conocemos es en realidad el dialecto florentino que pasó a convertirse en el idioma oficial de todo el país.

Los colores de la bandera tienen un significado. El verde representa la esperanza, el blanco representa la fe, y el rojo señala la caridad.

Italia y sus universidades. La universidad de Bolonia es la más antigua del mundo, fue fundada en 1088. Otras tres universidades italianas están en el top ten de las más antiguas del mundo: la de Padua, la de Nápoles y la de Siena.

En Italia no hay Starbucks. Si han tenido la posibilidad de viajar a las grandes ciudades de Italia seguramente se habrán quedado sorprendidos al darse cuenta que no existe esta típica cadena de cafeterías. Es que los italianos son tan nacionalistas que no podían permitir tener una copia americana de sus tradicionales bares. Por lo menos hasta ahora. En septiembre próximo se inaugurará el primero. Pero no será un Starbucks cualquiera, sino uno de los 5 “Starbucks Roastery” del mundo. Estará en Milán y se une a los ya existentes en Seattle y Shangai. También planean abrir uno en Nueva York. Roastery viene del inglés “tostador”. Y es que este tipo de locales se trata de espacios donde el cliente no sólo va a poder degustar su café sino también va a poder ver su proceso y hacer degustaciones.

Italia es el país de los volcanes. Ningún otro país en Europa tiene tantos volcanes como Italia. Hay tres grandes volcanes activos: el Etna, el Stromboli y el Vesubio. Y 29 inactivos. Uno de ellos, el Etna, fue declarado patrimonio de la humanidad por la Unesco en el 2013.
El Etna en erupción visto desde una playa en Catania.
Si tuviéramos que pedir un tiramisú en nuestro idioma por ahí deberíamos pedirlo como un “levántame” (Tira- mi- su). Este postre que tanto me gusta (háganme acordar que después les pase la receta) es el más famoso de Italia y tiene su origen en el norte del país. Unos dicen que nació en 1971 en el restaurante La Beccherie, en Treviso, después de que su dueño pasara más de dos años perfeccionando la receta de los antiguos burdeles de la zona. La historia cuenta que en la antigüedad los burdeles ofrecían este postre a los hombres después de una larga noche para que tuvieran fuerzas para continuarla. Esto se debe sus ingredientes principales: huevos, azúcar, chocolate y café. Otra historia cuenta que fue inventado en Turín a mediados del siglo XIX como pedido del primer ministro de Italia en ese momento, Camillo Cavour. Él decía que necesitaba algo que lo “levantara” mientras se enfrentaba con la tarea de unificar la península italiana. 

¿Y la pizza? Como se pueden imaginar, nació en Nápoles. Fue en 1830, en la Antica Pizzeria Port’Alba, que es la más antigua del mundo. Hoy en día todavía existe en el centro histórico de Napoles. Adivinen de qué están revestidos los hornos de este restaurante.: con rocas de lava del volcán Vesubio. La pizza Margherita, la más famosa de todas, tiene este nombre gracias a la reina Margherita de Francia. Ella después de su visita a Nápoles en el 1889 llamó al maestro pizzero y le dijo que le cocinara tres pizzas en su palacio porque estaba cansada de la comida francesa. Como a la reina le encantó la que tenía salsa de tomate, mozarella y hojas de albahaca el cocinero le dijo que se la dedicaría y le puso su nombre.

Hay más italianos en Argentina que en Italia. Bueno, no es literal aunque podría serlo. Con 61 millones de habitantes, Italia es el quinto país más poblado de Europa. Pero el número de descendientes italianos que viven en el extranjero es mayor: la mayoría están en Argentina, Brasil y Estados Unidos. Después de la masiva inmigración de italianos, sobre todo a América, entre 1861 y la década de 1920 se estima que más de un 60% de argentinos tienen algún descendiente italiano.

Torino (Turin) es una ciudad desconocida por los turistas que prefieren visitar Roma, Florencia o Venecia. Pero para mi es y será una de las mejores cosas que me pasó en la vida. Podría escribir horas y horas y esta entrada se volvería muy larga, por eso sólo les voy a contar lo que más me llamó la atención de esta hermosa ciudad.

Mole Antonelliana, Museo Nacional del Cine. 

Piazza Castello, Centro de Turin.





En sus orígenes la ciudad se llamaba: “Civitas Augusta Taurinorum”, que significa: “la ciudad fundada por el emperador Augusto poblada por la tribu de los taurini”. Los taurini eran una tribu que vivía en las montañas y se dedicaba a la crianza de los toros. Por eso el toro es el símbolo de la ciudad y lo podemos ver en todos lados: casas, esculturas, fuentes, banderas y hasta en el escudo del equipo de fútbol.



Turín fue la primera capital de la Italia moderna. Luego se trasladó a Florencia y finalmente la que conocemos todos: Roma.

En la Catedral de Turin está la “sabana santa”: una tela de lino que muestra la imagen de un hombre. Es la tela con la que envolvieron a Jesús tras su muerte en la cruz. Y aunque muchos opinan que las manchas son falsas, para ola religión católica es uno de sus objetos más valiosos.

Los grisines que tanto nos gustan y que esperamos ansiosos cuando vamos a comer a un restaurante nacieron en Turin. La historia cuenta que fueron un regalo de un panadero turinés al duque Víctor Amadeo II de Saboya en 1668. Él no podía comer miga de pan por problemas digestivos y estos palitos eran tan finos y crujientes que no se pudo resistir.

Ahora vivo en Pisa y lo primero que me preguntan todos es qué tan real es lo de la "la torre inclinada". 

La torre de Pisa estuvo cerrada más de 10 años. Originalmente la Torre de Pisa tenía que estar vertical. Pero sus cimientos al no ser tan profundos (sólo tres metros) provocaron que el terreno comenzara a ceder y por eso la torre comenzó a inclinarse. Entre 1922 y 1943 el país fue gobernado por Benito Mussolini y una de sus ocurrencias más locas fue enderezar la torre. No lo consiguieron. Sigue inclinada y en pie. Entre 1990 y el 2001 la cerraron para hacerle trabajos de refuerzo a los cimientos. Dicen que colocaron andamios, amurallaron la torre y no dejaban acercarse a los turistas. No puedo imaginarme la Piazza dei Miracoli en esa época.


Keith Haring es un famoso artista que antes de morir pintó su última obra pública en Pisa. Se llama "Tuttomondo" y es un mural de 180 metros cuadrados. Se pueden ver 30 figuras que están tan  perfectamente encastradas que parece un gran rompecabezas de colores. 



En Pisa el año nuevo se festeja dos veces. Si, así como lo leen. Una el 31 de diciembre y la otra el 25 de marzo. Siglos atrás Pisa fue parte de la gran República Marítima y su calendario era un poco distinto del que utilizamos ahora. Según este antiguo calendario el año comenzaba el día de la Anunciación de María, el 25 de marzo. Pero no duró mucho porque en el 1749 el Gran Duque de Toscana ordenó que todos los estados de la región siguieran el mismo calendario, el gregoriano y así el año nuevo se celebra la noche del 31 de diciembre. Igualmente los pisanos no dejaron atrás esta tradición y todos los 25 de marzo hay fiestas y desfiles en el centro de la ciudad además de los famosos fuegos artificiales. 
Atardecer desde el Ponte di Mezzo.
Cuando llego a una nueva ciudad me gusta inculcarme con este tipo de curiosidades. Es la manera de sentirme un poquito más local. 

Viajen mucho. 

domingo, 5 de agosto de 2018


Cuando vivía sola y me agarraba la “melancolía de los doce mil kilómetros” me iba a los chinos y se me pasaba. Salía de mi casa depresiva y volvía media o una hora después más contenta y con algo en la mano. No sé que pasaba en el medio, pero averigüémoslo.

Pero primero quiero aclarar que cuando hablo de “los chinos” no es un supermercado chino. Es un negocio tipo “todo por dos pesos” en el que podés encontrar desde una traba para el pelo, una lapicera con tres colores, un accesorio para la cocina hasta un vestido de fiesta. Esos son “los chinos” para mí. Dicho esto, sigamos.


Dicen que cuando compramos nuestro cuerpo libera serotonina: un neutransmisor asociado a nuestro bienestar. Por eso cuando compramos nos sentimos mejor, comprar es un antidepresivo natural.

Según un estudio de “Ebates Spring Shopping”, la mayoría de los consumidores hemos comprado por aburrimiento, depresión y para sentirnos más felices alguna vez en nuestras vidas. Es lo que se conoce como “retail therapy”. Otro estudio, realizado por la Universidad de Cambridge afirma que para ser más felices no sirve el “comprar por comprar”, lo que compremos se debe adaptar a nuestra personalidad. Yo, por ejemplo, me siento feliz comprando libros, accesorios para la cocina, lápices de colores, fibras, papeles de colores y todo eso que me activa la parte derecha del cerebro (Háganme acordar que para una próxima entrada les hable de eso). 

Mi “chino” favorito cuando vivía en el Piamonte italiano era “KoKo Moda”, un gran local con dos pisos en el que me refugiaba cuando estaba mal o simplemente aburrida. Podía pasar horas ahí sin darme cuenta. Pero después, cuando me convertí en asidua, me di cuenta porqué. No puedo asegurar con qué frecuencia, pero sí sé que muy seguido cambiaban todas las cosas de lugar. Ninguna de las veces que fui encontraba las cosas en el lugar donde las había visto la vez anterior. Una estrategia de marketing muy usada para que los clientes estén dando vueltas por todo el local buscando algo y terminen comprando cosas que no iban a comprar. Muy astutos los chinitos.
Si bien creo en esta “terapia del por menor” porque está comprobado por mi que si sirve, al mismo tiempo pienso que si nos pasamos de la línea podemos caer en el “comprar por comprar” y esto puede ser un problema. Acá estamos en plena etapa de las famosas rebajas y cuando salgo no veo ni una sola persona que no tenga una bolsa en la mano. ¿Adictos a las compras? 
Así son las rebajas en Europa.
Les cuento una anécdota: el año pasado conocí a la hermana de mi actual roommate  y una tarde que estábamos aburridas le dije: "Te voy a llevar a un lugar que no lo vas a poder creer". Cuando llegamos al famoso chino, entramos y ella se quedó: "Ah, es un chino de ropa". "Pará que la magia está abajo", le dije. Unas horas después vino el dueño a decirnos que estaban por cerrar.  
¿Creen en la "terapia del por menor" o piensan que es todo "puro marketing"? 
Los leo en mis comentarios.    

jueves, 2 de agosto de 2018


“El desayuno es la comida más importante del día” dicen los que saben. Aunque otros, que también saben, opinan lo contrario. Yo soy fan de los desayunos, por eso para mí uno bueno es el que nos da las energías necesarias para afrontar la mañana ya sea en nuestro trabajo, en la universidad o en casa sin caer en la tentación de comernos lo que se nos cruce por enfrente a las 11 hs. 

Una de las primeras entradas en este blog cuando recién empecé fue una del desayuno y pueden leerla acá si quieren. 

Desde que “cocino para viajar y viceversa” he vivido en muchas partes del mundo y al mismo tiempo, con muchas personas de distintas partes del mundo. No se imaginan lo distintos que eran esos desayunos entre si: desde un café con leche y un pan con algo arriba hasta huevos revueltos con bacon o salchichas. Hoy voy a recordar a los “roommates” y sus desayunos que me han acompañado a lo largo de estos cuatro años.

@lavidadenicol
Allá por el 2014 me fui a vivir a Chile y no tardé mucho en acostumbrarme a su forma de desayunar. ¿Quién no lo haría teniendo pan y paltas enfrente todas las mañanas? Pero no sólo de paltas viven los chilenos. Ellos también tienen en su mesa todas las mañanas un café (con o sin leche) un vaso de jugo (el de piña -ananá- es el que más veía yo) huevos revueltos y alguno que otro por ahí come una fruta. Los panificados no faltan en la mesa: hallullas o marraquetas tostadas con “mantequilla” apenas salada que se va derritiendo poco a poco. Confieso que yo soy de las que dejo enfriar la tostada para que no pase eso pero a veces la tentación me ganaba. En el sur, donde vivía yo, también se acostumbra a desayunar con “queques” o “kuchen”, dulces tradicionales alemanes que son típicos de la zona. Pero en mi caso esto lo dejábamos para el fin de semana o para “tomar once”. Si quieren sorprender a alguien con una receta típica de la Región del Bio Bio (Chile) acá les dejo la mia: Kuchen de manzana y nuez. 

* "La vida de Nicol" es la página de una kinesióloga penquista que se dio cuenta que la kinesiología no la hacía tan feliz como dibujar. *

A fines del 2015 armé las valijas y crucé el charco. Mi primera parada fue el Principado de Andorra, un pequeño país entre España y Francia en el que el catalán es uno de los idiomas oficiales. Y como no podía ser de otra manera el desayuno era a lo catalán. Una vez por semana en el trabajo hacíamos un desayuno comunitario antes de empezar con nuestras tareas. Íbamos a la barra, pedíamos nuestro café y nos acercábamos a la mesa en donde nos esperaban pan, tomate y aceite de oliva. Ahí conocí el “pa amb tomàquet”. Esa si que era una buena manera de empezar el día con fuerzas: el pan tostado y crujiente con una capa de tomate rallado por arriba y aceite de oliva virgen extra (sino no sirve) para coronar. ¿Rico no?
Tiempo después, cuando terminó el invierno, tenía que elegir a dónde ir. No podía dejar pasar la oportunidad de vivir en Barcelona. Allá fui. El “pa amb tomàquet” me seguía. Ahí tuve mi primera “roommate”: una peruana que hacía mas de 15 años que vivía en Barcelona. Ella no desayunaba como lo hacen en Perú, pero me contó que allá hay una bebida típica el “emoliente” que muchos peruanos toman en la mañana. Es un hervido de granos tostados de cebada o linaza con jugo de limón, hierbas variadas y un poco de azúcar. Para comer: pan francés, manteca, jamón, queso. También acostumbran a comer avena cocida.

A fin del 2016 volví a la Argentina de visita y en el vuelo me tocó una “escala larga” en Estambul, Turquía. No saben lo que era ese desayuno. Como todo desayuno de hotel había un poco de todo, pero en una parte de la habitación -que no era una sino dos habitaciones con mesas y mesas de comida para desayunar - estaba toda la parte turca. El tradicional "kahvalti" turco es el brunch de los ingleses y varía un poco dependiendo la región del país. Sin embargo en todos hay pan (de todo tipo), miel, manteca, mermeladas, pimientos verdes, tomates, pepinos, diferentes tipos de queso y fiambres, aceitunas verdes y negras y huevos. Todo esto lo podés acompañar con el tradicional té negro turco o café.





El desayuno de La Gata Flora. 

Me pasé todo ese verano en la Argentina y entre la organización de la mesa dulce del casamiento de mi hermana, tereré con mis amigas en alguna pileta y salidas por las noches, desayunaba (obvio!). Esos desayunos eran bien a lo argentino: café con leche o mate, tostadas (frías) con manteca y algún dulce casero que anduviera dando vueltas por la cocina y los fines de semana casi siempre había facturas de todo tipo. Los pastelitos de membrillo mis preferidos, siempre.

Pero me tocó volver a armar las valijas para volver a cruzar el charco, Francia me esperaba. Era fines de abril del 2017 y yo tenía otra “escala larga” pero esta vez no desayuné. Me tocó recorrer la bicontinental ciudad de Estambul. Después de eso llegué a Niza (Costa Azul francesa) aunque no tuve tiempo ni de respirar que ya cambie de destino, si tuve la oportunidad de desayunar. Debajo del departamento en donde vivía con tres cordobesas, en pleno centro de la ciudad, había una boulangerie que todos los días desde temprano inundaba con su aroma la cocina y llegaba hasta las habitaciones, el mejor despertador LEJOS. Me levantaba, bajaba y compraba algo, lo que estuviera caliente: una baguette para untar con manteca, un famoso “pain au chocolat” o unas croissants. Cosas típicas que todos los franceses tienen en su mesa para el desayuno.  

Llegué a Italia para quedarme. Mi “roommate” fue una venezolana. Ella todas las noches, antes de irnos a dormir, hacía una masa con una especie de polenta pero mas clara y un poco de agua. A la mañana siguiente formaba unas bolitas, las aplastaba y las cocinaba lentamente en una sartén con manteca dándolas vuelta cada tanto. Eran las arepas. Y yo, que era amante porque es una de las comidas favoritas de Narda Lepes, saltaba de la alegría cada vez que las hacía. Cuando las comíamos en el desayuno las cortábamos aún calientes, le untábamos un poco de manteca y le poníamos un queso fresco adentro que, con el calor residual, se derretía y era la gloria. Imagínense con una buena taza de café con leche.

Actualmente sigo en Italia pero cambié de “roommate” y me atrevo a decir que es el mejor que he tenido: un argentino pero que ha adoptado las tradiciones italianas del desayuno al pie de la letra. Todas las mañanas lleno la mesa con distintas cosas para comer y él solo se toma un café con la fruta que tengamos en ese momento. “Es que cuando llego al trabajo vamos a desayunar al bar”, me dice. Y claro, si dicen que los italianos desayunan dos veces. Uno en la casa, con un simple café hecho en la Moka, como debe ser,  y otro en el bar con el típico cappuccino y el cornetto (el croissant de los italianos).





Para los amantes de los desayunos como yo que les guste leer hay un libro, el “Librito del amante del desayuno”. Literalmente es un librito, tiene las medidas de una foto: 10 x 15 cm. Y para los millennians hay una cuenta de Instagram que pueden seguir que sube fotos de desayunos de todo el mundo. (https://www.instagram.com/symmetrybreakfast/)






Desayunen rico.


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